El talento que no vemos

Se llama Matías Maldonado, dio vida a un mozo atrevido y aventurero en la puesta en escena de “Luisa Fernanda, con una interpretación que puso el toque de humor en la trama, con una naturalidad y frescutra que sorprendió a propios y extraños, y que el público premió con el mayor aplauso en el saludo final.

Se llama Matías Maldonado y es probable que cualquiera de nosotros nos hayamos cruzado con él mientras hace malabares, y distintas suertes ligadas a lo circense, en el semáforo de Constitución y Moreno, frente a la sede del Jockey Club.

Matías es, evidentemente, un talento escénico que a saber que derroteros tomará  después de haber asumido ese rol destacado en la puesta en escena de la zarzuela, donde contó, para potenciarse, con la aportación de un experto en la materia, como Carlos Iaquinta.

Matías tiene esa soltura y ese desparpajo que suelen venir de fábrica, pero que acaso también se haya macerado en esos días de viento y frío (que se sienten, y mucho. en esa esquina) en los que lo hayamos entrevisto, medio de soslayo, mientras el semáforo impone una espera.

Cómo él, acaso haya muchos otros de esos muchachos que tratan de ganarse los garbanzos (como decía mi abuela española), acudiendo a su condición de artista, y cuya única diferencia con algunos colegas de oficio, es que tiene la calle como escenario.

Y allí lo despliega con una dignidad que ya quisieran muchos, incluso algunos de los más encumbrados a nivel nacional: no estaría de más que lo tengamos presente, y que nos detengamos a observarlo, y porqué no a premiarlo, cada vez que el semáforo cambie a rojo y no obligue a detenernos.   

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