Sífilis un resurgimiento moderno

Bioquímica Esp. en Bacteriología, profesora en la facultad de medicina de la UCC, trabaja en el Laboratorio Central de la Provincia de Córdoba y en Sanatorio Allende.

La enfermedad de la sífilis apareció por primera vez en Europa a finales del siglo XV (1494-1495) y fue descrita por un médico italiano en 1530 con el término “sífilis”. La bacteria que la causa es  Treponema pallidum, fue observada por primera vez en 1905 por el zoólogo Fritz Schaudinn y el dermatólogo Erich Hoffmann.

Su transmisión ocurre principalmente por contacto directo con lesiones infecciosas durante relaciones sexuales anales, vaginales u orales sin protección y en menor medida por vía transplacentaria o transfusión sanguínea. La enfermedad evoluciona por estadios clínicos (primaria, secundaria, latente y terciaria) y presenta alta transmisibilidad en sus fases iniciales. En los últimos años se ha registrado un incremento sostenido en las tasas de notificación de sífilis en la población general en Argentina especialmente entre adolescentes y personas jóvenes. En el 2025 se registró la mayor cantidad de casos de sífilis con 46.779 registros. La mayor carga de enfermedad se concentró en personas de entre 15 y 39 años, representando un 76% del total de casos (n=35.497). 

Es una enfermedad de carácter sistémico, curable y exclusiva del ser humano. A pesar de que el diagnóstico es sencillo y el tratamiento accesible, en la actualidad es un problema de salud pública.

La mayoría de las personas con sífilis no tienen conocimiento de la infección, pudiendo transmitirla a sus contactos sexuales. Esto ocurre debido a la ausencia o escasez de sintomatología.

 Se caracteriza por presentar tres estadios clínicos a lo largo de su evolución:

Primario: en esta etapa, aparece una úlcera indolora en el sitio de la infección, generalmente en los genitales, el recto o la boca. Esta úlcera se conoce como chancro y puede estar acompañada de inflamación de los ganglios linfáticos cercanos. Desaparece espontáneamente en 3 a 6 semanas y es altamente contagiosa. La ausencia de dolor hace que frecuentemente pase desapercibida.

Secundario: después de la fase primaria, pueden aparecer erupciones cutáneas en diferentes partes del cuerpo, así como fiebre, dolor de garganta, dolores musculares, fatiga y otros síntomas similares a los de la gripe. Estos síntomas pueden aparecer y desaparecer durante varios meses. En esta etapa es altamente contagiosa por diseminación hematógena y riqueza de bacterias en las lesiones cutáneo-mucosas.

Latente: los síntomas de la sífilis desaparecen, pero la infección permanece en el cuerpo. Esta etapa puede durar años y la persona infectada puede no tener síntomas. Persiste el riesgo de transmisión vertical de la persona gestante al feto.

Tardío (Sífilis terciaria): en algunos casos, si la sífilis no se trata a tiempo, puede progresar a una etapa tardía que afecta varios órganos y sistemas del cuerpo, incluyendo el corazón, el cerebro, los ojos, los huesos y las articulaciones. Esta etapa puede causar daño grave e incluso ser potencialmente mortal.

Algo importante es que si una mujer que está embarazada, tiene sífilis y no recibe tratamiento puede transmitir la infección al feto durante el embarazo o el parto. La sífilis congénita puede causar defectos de nacimiento graves, como retraso del crecimiento, anomalías óseas, daño al sistema nervioso central y muerte fetal.

El diagnóstico de la sífilis se realiza principalmente mediante pruebas de laboratorio en sangre, las cuales se dividen en dos tipos complementarios: las no treponémicas (VDRL), que detectan la respuesta inmune general del organismo y se usan como tamizaje inicial y para monitorear la efectividad del tratamiento, y las treponémicas como FTA-ABS,TPHA a la que se agregan actualmente los inmunoensayos enzimáticos e inmunoensayos automatizados o semiautomatizados  como pruebas rápidas de diagnóstico que confirman la infección detectando anticuerpos específicos contra la bacteria Treponema pallidum. Además, en la fase primaria cuando existen llagas o chancros visibles, la enfermedad también puede diagnosticarse directamente identificando la bacteria mediante un examen microscópico de campo oscuro o pruebas de PCR a partir del exudado de la lesión.

El tratamiento de la sífilis se basa en el uso de antibióticos, siendo la penicilina benzatínica la opción principal y más efectiva en todas sus etapas. La dosis y la duración del tratamiento dependen de la fase de la infección: para la sífilis primaria, secundaria o latente temprana, suele bastar con una sola inyección intramuscular, mientras que para la latente tardía o de duración desconocida se requieren tres dosis administradas en intervalos semanales. Para personas alérgicas a la penicilina, existen alternativas como la doxiciclina o la ceftriaxona, aunque en embarazadas alérgicas es preferible realizar un proceso de desensibilización a la penicilina, ya que es el único tratamiento comprobado para prevenir la transmisión congénita al bebé. Por último, es fundamental que las parejas sexuales también sean evaluadas y tratadas, y se deben realizar análisis de seguimiento en sangre para confirmar que la infección se haya eliminado por completo.

Para evitar la infección por sífilis como de otras enfermedades de transmisión sexual, lo más recomendable es utilizar protección a la hora de mantener relaciones sexuales.
Fabiana Berruezo
Bioquímica Esp. en Bacteriología

La sífilis continúa siendo un importante y creciente problema de salud pública. La mejora en la calidad y cobertura de la información constituye una herramienta estratégica para guiar y potenciar acciones para la prevención y control de la enfermedad.

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