Cuba, el bloqueo que se transformó en crimen

Sesenta y tres años han pasado desde que el gobierno de Estados Unidos formalizó el cerco económico más prolongado y severo de la historia moderna contra una nación. Lo que Washington insiste en llamar “embargo” es, en su ejecución y alcance extraterritorial, un bloqueo integral que busca asfixiar la soberanía de Cuba mediante el hambre y la desesperación. Hoy, en pleno 2026, esta política no es solo un vestigio de la Guerra Fría; es un mecanismo de guerra económica activa que ha recrudecido a niveles sin precedentes. Y, lamentablemente, desde el año 2025 también con el aval de la República Argentina por primera vez en su historia. Indigno.

El costo de la resistencia

Las cifras presentadas recientemente por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba son demoledoras. Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, los daños materiales causados por el bloqueo se estimaron en 7.556 millones de dólares, lo que representa un incremento del 49% respecto al periodo anterior. No es una estadística abstracta: se traduce en la imposibilidad de adquirir combustibles para evitar los apagones, en la carencia del 69% de los medicamentos básicos y en el deterioro de infraestructuras vitales como hospitales y escuelas.

El cinismo del bloqueo se manifiesta en su precisión quirúrgica contra la vida cotidiana. Según informes oficiales, solo 16 días de bloqueo equivalen al financiamiento necesario para cubrir el cuadro básico de medicamentos de todo el país por un año. El hecho de que un niño cubano no pueda acceder a fármacos específicos o a una prótesis debido a que contienen más de un 10% de componentes estadounidenses no es una “medida administrativa”; es un acto que califica, bajo el derecho internacional, como un crimen de lesa humanidad.

“Estados Patrocinadores del Terrorismo”

Un pilar fundamental de este recrudecimiento es la arbitraria inclusión de Cuba en la lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo. Esta designación —mantenida y reforzada incluso bajo administraciones recientes— funciona como un nudo adicional en la soga. Al estar en esta lista, la isla se enfrenta a una persecución financiera obsesiva: más de 40 bancos extranjeros han rechazado transacciones cubanas o han cerrado cuentas por temor a multas millonarias de Washington, impidiendo el comercio incluso con terceros países en sectores tan sensibles como la salud y la alimentación.

La comunidad internacional ha sido clara. Por trigésimo tercera vez consecutiva, la Asamblea General de la ONU votó de forma abrumadora por el fin del bloqueo. En octubre de 2024, 187 naciones exigieron su levantamiento, dejando a Estados Unidos, Argentina e Israel en un aislamiento moral casi absoluto.

Sin embargo, Washington persiste en ignorar el clamor global y la voluntad de su propio pueblo, que en su mayoría favorece la normalización de relaciones. La persistencia de esta política no responde a una amenaza real a la seguridad nacional de EE. UU., sino a una estrategia fallida de cambio de régimen que, durante muchas décadas, no ha logrado doblegar la determinación del pueblo cubano.

El bloqueo a Cuba es el principal obstáculo para el desarrollo de la isla y un ataque directo a los derechos humanos de millones de personas. Mantenerlo es una confesión de debilidad política y una falta de ética internacional. Es hora de que el mundo pase de la condena diplomática a la acción solidaria más allá de las fronteras, y que el gobierno estadounidense entienda que la soberanía de los pueblos no es negociable bajo presión. El bloqueo no es solo ilegal; es, en su esencia más pura, un acto criminal que debe cesar de inmediato.

Y sería bueno que el sector político que hoy dice conducir la Cancillería argentina, tomara nota del costo político que tiene el cambio de voto sobre este tema en la ONU, con la única “convicción” de conformar a un hegemón, los Estados Unidos de América, que lejos de considerar a Argentina como un “amigo, un aliado”, la entiende como un peón en un tablero de geopolítica global al que es necesario utilizar. Podrá doler, pero es la verdad.

La historia diplomática argentina no merecía esto.

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2 comentarios en “Cuba, el bloqueo que se transformó en crimen”

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