Propuestas de cese de fuego; se pacta. Se rompe. Se bombardea. Más muertes. Propuesta de Donald Trump. Se aplaude, se firma en un lugar turístico paradisíaco. Aval de la Liga Árabe. Emociones, palabras para la historia. El cese del fuego dura dos días. Vuelven los bombardeos. Más muertes. Acusaciones cruzadas. Trump presiona, la derecha israelí también. Trump y Netanyahu anuncian nueva reunión. Frases provocadoras de todas las partes. Negocian sobre muertos. Nada cambió.
A esta altura, el lector se preguntará qué pasó y cómo pasó. Bueno, varias cosas para contar. En primer lugar, recordar que todo vino a partir de la Resolución de la Sociedad de las Naciones de “encargar” al Reino Unido y a Francia la administración de los territorios que eran del Imperio Otomano en el llamado Oriente Medio. Así, la zona quedó delimitada en una parte para Francia (lo que hoy son Siria y Líbano), y otra para el Reino Unido (lo que hoy son Jordania, Irak e Israel). Si bien el territorio de Palestina no estaba bajo mandato británico en un momento, sí lo estuvo luego. Y es allí donde gracias a la Declaración Balfour -que decía que “estaban dadas las condiciones para un Hogar Nacional Judío en Palestina”-, comienza una importante emigración de judíos europeos hacia Palestina.

Luego de muchos años y de violencia cruzada entre palestinos, judíos y británicos, la ONU decide la partición en la Resolución 181 de Noviembre de 1947. Los países árabes la rechazaron, pero tanto EEUU como la URSS la apoyaron. Desde el 14 de Mayo de 1948, los enfrentamientos entre Israel y sus vecinos fueron generando las condiciones para que lo que iba a ser un Estado palestino quedara ocupado por Tel Aviv, bajo el pretexto de que necesitaba garantizar su seguridad.
Desde los acuerdos Sadat-Begin, se devuelve el Sinaí -ocupado desde 1967- y El Cairo reconoce a Israel. Con el tiempo, otros Estados no tan importantes como Egipto harían lo mismo.
Fueron los Laboristas quienes, de la mano del general Rabin, aceptaron estrechar la mano del líder de la OLP, Yaser Arafat, y firmar los Acuerdos de Oslo, que serían en teoría el puntapié para la futura existencia de un Estado palestino. Pero desde 1987 un nuevo actor desafiaba la lógica de la región: el movimiento de Resistencia Hamas, surgido de la militancia de Hermandad Musulmana egipcia y con posterioridad apoyado por Siria e Irán. Este movimiento apareció como el “brazo político” de la Intifada de 1987. Con el tiempo, Hamas desafiaría la lógica de la OLP (en lo futuro, ANP), al plantear que lo ocupado no eran Gaza y Cisjordania sino toda la Palestina, cuestionando así el reconocimiento que Arafat había hecho de Israel.

Pasaron los años. Hamas cuestionó -y combatió- los Acuerdos de Oslo, al extremo de generar con sus atentados un corrimiento electoral de Israel hacia posiciones extremas y alejadas tanto de la negociación como de la propia palabra “Paz”. Así, la Autoridad Nacional Palestina quedó totalmente desfigurada en un contexto de creciente violencia entre el Israel de los halcones y Hamas jugando el partido de Irán y Siria contra EEUU, Egipto e Israel, a los que buscaba desestabilizar.
Pero con los sucesivos ataques israelíes y el fuerte boicot de EEUU a Catar -uno de los más firmes financistas de los movimientos terroristas-, se llega a 2017 con un Hamas prácticamente liquidado. Entonces, ¿qué pasó? Pasó que “alguien” desde Israel planteó que “era humanitario permitir que Catar hiciera llegar dinero a Gaza”, ya administrada de facto por Hamas. De esa manera, Hamas tardó seis años en rearmarse, reorganizarse y reordenarse. Por todo ello, lo sucedido el 7 de octubre de 2023 sólo fue sorpresa para pocos. Netanyahu había generado a quienes dañaron a Israel como nadie luego de las guerras.
Lo posterior ya es conocido; Israel llevó adelante una acción militar demoledora contra Hamas, pero que se tradujo en la destrucción -literal- de la infraestructura civil de Gaza y la muerte de más de setenta mil gazatíes. El advenimiento del segundo Trump lo llevó a presionar para un acuerdo, que ponía contra las cuerdas a ambos contendientes: a Netanyahu, porque su coalición política corre el riesgo de fractura si se retira de Gaza y acepta la remota posibilidad de la autodeterminación palestina; de Hamas, porque no aceptan desarmarse y dejar el Gobierno en Gaza en manos internacionales.

Entonces, ¿alguien puede sorprenderse de que, a esta altura, las palabras estén tan divorciadas de la realidad? Sólo quien todavía quiera creer en los milagros. Se está demasiado lejos de una paz en el total sentido de la palabra, así como de pensar en un Estado palestino.
Qué bueno sería que Netanyahu dejara de bloquear la creación de una Comisión Investigadora sobre lo sucedido el 7 de Octubre de 2023. Tal vez políticamente habría sorprendentes revelaciones. Y si la investigación se animara a retroceder a 2017, revelaciones y explicaciones.
Nada surge de la nada; todo tiene un origen. Probablemente no sea lo más tranquilizador conocerlo, pero a la larga será necesario. Siempre llegar a la VERDAD es la mejor alternativa.


