Milei grabó su mensaje de fuerte tono nacionalista luego de elogiar en Chile a Pinochet, que clavó un puñal por la espalda a Argentina durante la guerra de 1982.

Luego de 3 años de permanente desmalvinización, y con una sociedad incapaz de reaccionar ante ello, el presidente Javier Milei utilizó una causa sentida por el pueblo argentino para recuperar una iniciativa perdida. Es que las torpezas durante el pasado mundial, cuando tanto Monteoliva como el propio Milei sobreactuaron un papel que ni la FIFA les había pedido, identificaron falsamente que hablar de Malvinas con motivo del partido de la Selección con Inglaterra era “violencia”, “provocación” o “falso nacionalismo”.
La aparición de una sábana pintada con la expresión “Las Malvinas son argentinas” descolocó a un Gobierno que en un primer momento salió a cuestionar el hecho para luego desmerecer el peso del deporte como una de las herramientas de la pasión junto a una causa como Malvinas. Ante una vertical caída en el reconocimiento popular producto de esas palabras y hasta el comentario “el gol de Maradona no nos devolvió las Malvinas”, el Gobierno de Milei se llamó a silencio para, tardíamente, disfrazarse de descubridores de la Verdad en la Causa Malvinas.
Pero hay que ir por partes. En la noche del jueves 3 de septiembre, el Presidente Milei dio un discurso por cadena nacional durante 14 minutos. En el mismo, se estructuraron varias cuestiones:
- Menciones a los papeles jurídicos e históricos que acreditan la soberanía argentina sobre las islas; nada nuevo. Basta leer la página de internet de Cancillería.
- Por DNU, adelantó que impulsará las sanciones previstas en leyes sancionadas en 2011 y 2013 para quienes inviertan o participen de alguna manera en los proyectos de explotación petrolera (que se vienen denunciando desde hace 10 años por parte de Veteranos de Guerra de Tierra del Fuego). Cabe señalar que omitió cualquier comentario sobre la pesca ilegal.
- Anunció el envío al Congreso de un proyecto para agravar las penas previstas en esas leyes, así como para avanzar en juicios en ausencia contra quienes resulten responsables o cómplices de dichos hechos.
- Adelantó el aumento presupuestario para la Base Naval de Ushuaia, pero omitió cualquier mención al proyecto ya existente de compartirla con los Estados Unidos.
- Mencionó la creación de un Consejo de Seguridad Nacional (ya existe el Consejo de Defensa Nacional previsto en la Ley de Defensa), que “actuará de acuerdo con las facultades que el Congreso le atribuirá”.
- De manera preocupante, basó parte de su discurso en un eventual apoyo norteamericano, cayendo en el mismo riesgo que Argentina ya padeció cuando se malinterpretaron frases o comentarios de militares de EEUU y que sumieron a este país en la tragedia de una guerra. Asimismo, hizo comentarios poco felices respecto de la situación actual del Reino Unido, sus problemas económicos y la situación de la inmigración allí.

¿Está esto bien o mal? Como regla, todo lo que pueda hacerse por vía diplomática y política para la recuperación de los archipiélagos australes es valioso. Lo que merece señalarse es que en esta versión cuasi-nacionalista de Milei faltaron algunas cosas, como por ejemplo hablar del tema industrial en Tierra del Fuego (pues las industrias permiten radicar personas, lo que se traduce en fortalecer la presencia en una zona geopolíticamente importante), hablar de la pesca ilegal, o recordar que la empresa Navitas tiene en sus accionistas a personas vinculadas con el Gobierno actual de Israel, país que no fue mencionado pero que forma parte del alineamiento ciego y acrítico de la Casa Rosada junto con el que se mantiene con los Estados Unidos de América.
Y, debe decirse, estuvo bien acordarse de una convocatoria a la oposición, a la que se refirió extrañamente sin agresiones, descalificaciones o insultos. Cabe señalar que fue esa oposición la que desde que asumió Milei le está señalando los riesgos que, para el Atlántico Sur, significa el alineamiento irrestricto con Trump -lo que implica evitar declaraciones o comentarios “molestos” hacia el usurpador de Malvinas-, el dejar sin efecto la construcción de un puerto de aguas profundas en Tierra del Fuego y convertir la política exterior en un ropaje diplomático del Ministerio de Economía.
Tarde, el Gobierno argentino parece haberse dado cuenta de la gravedad de la situación que fue permitiendo con su silencio frente a los hechos consumados del Reino Unido en el Atlántico Sur. Tarde, parece haber entendido que tomar decisiones económicas que debilitan geoestratégicamente la posición en la Patagonia y Tierra del Fuego, tienen consecuencias negativas para la soberanía nacional.
Una reflexión final: el Presidente Milei grabó su discurso de 14 minutos luego de viajar y permanecer 3 horas en Chile, el mismo día en que su Presidente, Kast, participó de una maniobra militar con fuego real en el Estrecho de Magallanes, en una demostración clara de advertencia hacia recientes declaraciones argentinas sobre la boca oriental de dicho cauce.
Pero lo más triste y contradictorio es que en esas 3 horas en Chile el Presidente argentino reivindicó el Golpe de Estado de Pinochet, precisamente el gobernante de un país que, compartiendo la tercera línea fronteriza más larga del mundo, le clavó a Argentina un puñal por la espalda durante la Guerra del Atlántico Sur.

¿A cuál Milei habría que tomar en serio? ¿Al que por oportunismo y necesidad estratégica se olvida de su rechazo a todo lo que huela a nacionalismo y se pone a la cabeza de una campaña anticolonialista, supuestamente impulsada por Trump, o al Milei que, cada vez que puede, expresa su admiración y respeto por tipejos como Pinochet o criminales de guerra como Thatcher? A quien esto escribe no le cabe duda de cuál es el verdadero Milei.

