¿No resulta ridículo que la NASA siga invirtiendo dinero en buscar vida en otros planetas, cuando cotidianamente los gobiernos humanos se están encargando de extinguir la propia en la Tierra?

Luego de la visita del Presidente Trump por el llamado Oriente Medio, algunas cosas parecen haber cambiado en el discurso habitualmente extremista, violento, de la Casa Blanca: llamativamente, Marco Rubio cuestionó la avanzada israelí en Gaza y Trump clamó por la ayuda humanitaria. Asimismo, parece haber desaparecido del discurso oficial de Washington la idea de convertir a Gaza en el “balcón del Mediterráneo, pero sin palestinos”. Bah, al menos de momento. Con Trump nunca se sabe.
Pero lo que no tuvo cambios es la preocupante decisión de Netanyahu de continuar el vaciamiento de las ciudades gazatíes, esta vez Jan Yunis, obligando a cientos de miles de personas a aglomerarse junto al mar, precisamente en la zona donde cotidianamente caen bombas arrojadas por aviones israelíes. Hasta la prensa de izquierdas de Israel plantea que “si esto no es limpieza étnica, se le parece bastante”.
Algo ha cambiado también en Europa luego de las declaraciones de Marco Rubio: el Reino Unido corta acuerdos comerciales con Israel y varios países solicitan a la Unión Europea endurecerse -también comercialmente- con Jerusalén.
Mientras tanto, Donald Trump sorprendió al mundo anunciando una inversión de 25.000 millones de dólares iniciales para un proyecto antimisiles -inspirado en la “Cúpula de Hierro” israelí- que llamará “Cúpula Dorada” y que aspira a tener totalmente operativo para 2029, cuando se hayan gastado más de 175.000 millones de dólares.
Alega Donald Trump que este nuevo proyecto busca defender a Estados Unidos de un eventual “ataque catastrófico” que pueda venir del exterior. Cabe aclarar que las principales inversiones se harán a través del Pentágono y que algunas licitaciones serán para la empresa de Elon Musk, SpaceX. Ah, y serán beneficiados Alaska, Florida, Georgia e Indiana, casualmente Estados donde Trump ganó en Noviembre último.
Si bien puede ser cierto que Estados Unidos pretenda blindarse frente al objetivo crecimiento tecnológico misilístico de China y Rusia, lo llamativo es que esto se anuncie en un momento en que Washington acepta dialogar con Pekín luego del bochorno de los aranceles, y mientras apoya a Moscú claramente en su prolongada guerra contra Ucrania.

¿Será que Trump da por perdida la batalla comercial con China, y frente a ello busca bajar el tono de la confrontación comercial con aliados mientras quiere retomar la iniciativa militar abandonada luego de los Gobiernos de Obama?
Lo concreto es que mientras el mundo asiste azorado a las vergonzosas declaraciones del Premier Netanyahu y de su Ministro de Defensa sobre el hambre que pasan los habitantes de Gaza (“defender la ayuda humanitaria es avalar a Hamas”, se escuchó en despachos gubernamentales israelíes), todavía suenan las declaraciones del mandatario egipcio proponiendo una ayuda para reconstruir la franja del orden de 53.000 millones de dólares. Menos de un tercio de lo que Trump piensa gastar en su programa de defensa antimisiles.
¿No resulta ridículo que la NASA siga invirtiendo dinero en buscar vida en otros planetas, cuando cotidianamente los gobiernos humanos se están encargando de extinguir la propia en la Tierra? Los mismos gobiernos que niegan el cambio climático -generado por el irracional consumismo de sus países-, son los que apoyaron una guerra que en todo momento se supo que era entrar en el terreno que los terroristas querían: convertir a Israel en mala palabra para el mundo y a Hamas en los paladines abanderados de la lucha por los derechos palestinos.
¿Cuánto dinero cuesta movilizar a decenas de miles de soldados israelíes para confrontar contra un enemigo oculto que no dudará en matar a los rehenes que aún mantiene? ¿Cuánto cuesta movilizar a las fuerzas de un Estado alegando ideales y principios que sólo pueden resumirse en la necesidad de la propia supervivencia política?
Mientras que para la principal potencia del mundo Gaza había quedado reducida a un proyecto turístico sin la población palestina, esa misma potencia que quita ayuda a Organizaciones Internacionales, amenaza con ataques militares a Irán y en su momento envalentonó -y empujó- a Netanyahu para “barrer y limpiar” Gaza, ahora cree que podrá parar la barbarie con dos declaraciones de ocasión, mientras anuncia un proyecto que triplica lo necesario para reconstruir ese pequeño territorio cooptado por los terroristas de Hamas.
“Desde una casa gigante y un auto elegante se sufre muy bien; en un amable festín, se suele ver combatir”, dice el genial Silvio Rodríguez en “Canción en harapos”. Ya de poco sirve que el mundo pida racionalidad al gobierno de Netanyahu, que hará lo posible para mantenerse en el poder, aunque ello implica multiplicar hasta lo indecible la cantidad de niños muertos. Pero lo verdaderamente grave de todo esto es que gracias a la irracionalidad de la extrema derecha política de Jerusalén, en muchos lugares del llamado Oriente Medio no se ve a Hamas como los terroristas que son, sino como los únicos que levantan una bandera que la Autoridad Palestina abandonó hace rato.
Convertir en héroes a terroristas tal vez sea lo que le estaba faltando a Netanyahu para coronar una carrera política donde su permanencia en el cargo huele peligrosamente a perfume de impunidad. Y todo ante un mundo que prefiere no darse por enterado.


