Venezuela, la sombra de la Heredera y el espejismo de libertad

Ha transcurrido un mes desde que la denominada “Operación Determinación Absoluta” sacudió los cimientos de Miraflores, culminando con la captura y traslado de Nicolás Maduro a una corte en Manhattan. Para el ciudadano de a pie, la euforia inicial ha mutado en una cautela densa, casi asfixiante. Venezuela no se despertó “democrática” por arte de magia; se despertó bajo un esquema de “continuidad heredada” liderado por Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia interina bajo la mirada vigilante de Washington y el silencio sepulcral de los cuarteles, que con 3 semanas de atraso dieron su apoyo a través de Vladimiro Padrino López y Diosdado Cabello.

Este primer mes revela una paradoja cruel: mientras los presos políticos salen de El Helicoide —símbolo de la tortura que la comunidad internacional exigió clausurar—, la estructura económica sigue en ruinas. El salario mínimo continúa por debajo de un dólar, y la hiperinflación no ha dado tregua a pesar de las promesas de reforma a la Ley de Hidrocarburos para atraer inversiones estadounidenses. El país vive un espejismo de cambio donde las caras han variado, pero las instituciones que sostuvieron al régimen —jueces, militares y el CNE— permanecen intactas, operando ahora bajo una lógica de supervivencia y negociación de impunidad.

La gran incógnita de este mes ha sido la verdadera naturaleza del Gobierno de Delcy Rodríguez. ¿Es un puente hacia elecciones libres o una mutación del chavismo para conservar el poder sin su último líder? La reciente disposición de María Corina Machado para negociar un cronograma de transición con la presidenta interina marca un hito de pragmatismo político, pero también subraya la fragilidad y dispersión de una oposición, que aún debe maniobrar entre el exilio y la desmovilización interna.

Para el mundo, Venezuela es hoy un laboratorio de geopolítica agresiva. La administración Trump, que calificó de “fantástica” su primera interacción con Delcy Rodríguez, parece priorizar la estabilización petrolera sobre la purga institucional inmediata. Sin embargo, la seguridad sigue siendo precaria; las alertas de viaje de organismos como OSAC y el gobierno de Canadá mantienen el Nivel 4 (No viajar), citando riesgos de detención arbitraria y colapso de servicios.

Hoy, ha quedado claro que la maniobra de Donald Trump estuvo bien lejos de premiar a una oposición que no está en condiciones de conducir una transición, ni de abrir el camino para la discutida Corina Machado, a quien el mandamás de Washington decidió ignorar. La maniobra de Trump estuvo digitada esencialmente para eliminar gobiernos que pudieran abrir puertas a inversiones chinas, tras esa cacareada actualización de la Doctrina Monroe. Asimismo, evidenció fuertes diferencias dentro del gabinete, donde personas como Vance y Rubio apuestan a que Venezuela signifique la primera ficha de un dominó que acabe tumbando por inanición al régimen cubano, mientras que Trump se habría limitado a abrir el camino pero no a una democratización, sino a garantizar ganancias y seguridad jurídica para empresas norteamericanas que puedan ir a comercializar el petróleo.

Un mes sin Maduro no ha significado un mes de paz, sino el inicio de una partida de ajedrez donde el pueblo venezolano sigue siendo el peón más vulnerable. La democracia en Venezuela no nació con la captura Nicolás Maduro; necesariamente deberá ir reconstruyéndose de a poco, para lo cual será imprescindible que la oposición encuentre canales de diálogo, candidatos creíbles, un sistema legal que deje de permitir a Jueces y Fiscales perseguir, ilegalizar o encarcelar a opositores y periodistas, y a su vez a un PSUV que retome las banderas que lo hicieron revolucionario: ganar las calles generando credibilidad y confianza, y dejando de inspirar temor por una creciente voluntad de reprimir las manifestaciones estudiantiles y opositoras.

En definitiva, será importante que sea el sector político el que gane una pulseada que hoy tiene demasiados signos de pregunta; habitualmente no suelen ser los sectores militares los que albergan voluntades de profundización democrática ni respeto por el pluralismo.

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