La terapeuta holística Lucia Menu Marque explica cómo funciona esta corriente terapéutica, por qué cada vez más personas se acercan a trabajar sus emociones y cuál es el rol que ocupa como práctica complementaria.
En un contexto donde cada vez más personas buscan alternativas para acompañar procesos de salud física y emocional, la biodecodificación aparece como una de las terapias holísticas que más interés despierta. Quienes la practican sostienen que muchas enfermedades o síntomas físicos tienen relación con conflictos emocionales no resueltos y que, al hacer conscientes esas emociones, el cuerpo puede comenzar un proceso de alivio o sanación.

Para Lucia, terapeuta holística, la base de esta práctica está en entender al cuerpo y a las emociones como partes de un mismo proceso. “La biodecodificación busca el sentido biológico de la enfermedad, entender cuál es la respuesta inconsciente del cuerpo frente a un estrés emocional concreto”, explica.
Según detalla, dentro de esta corriente existen distintas formas de abordaje. Algunas técnicas trabajan sobre situaciones actuales de la persona, mientras que otras buscan experiencias vinculadas a la gestación, la infancia o incluso patrones familiares heredados. “También se analizan cuestiones que pueden venir desde el árbol genealógico, emociones o patrones que muchas veces se heredan de los ancestros”, señala.
La biodecodificación sostiene que detrás de cada síntoma físico existe un conflicto emocional subyacente. Desde esta mirada, el objetivo no es solamente tratar el síntoma, sino comprender qué emoción pudo haberlo desencadenado. “Cuando ese conflicto se hace consciente, el cuerpo empieza un proceso de sanación”, afirma la terapéutica.
Entre las consultas más frecuentes, menciona afecciones vinculadas a la piel, como dermatitis, eczema o acné “Todo lo relacionado con la piel suele asociarse a conflictos de contacto, separación o identidad”, explica. También aparecen problemas digestivos, vinculados a situaciones que la persona “no puede digerir” emocionalmente o a emociones reprimidas como el enojo. Otro de los aspectos que destaca, es la relación que esta terapia plantea entre determinadas enfermedades y experiencias emocionales profundas. “La diabetes, por ejemplo, se vincula simbólicamente con el amor o con carencias afectivas”, comenta. Aclara que no necesariamente se trata de hechos objetivos, sino también de cómo cada persona vivió o sintió determinadas situaciones.

Aunque cada vez más personas se acercan a este tipo de terapias, Lucia remarca que la biodecodificación no debe entenderse como un reemplazo de la medicina tradicional “Es muy importante aclarar que es una terapia complementaria. No sustituye tratamientos médicos, psicológicos ni psiquiátricos” y agrega, “Siempre debe utilizarse como complemento y nunca abandonar ninguna indicación médica o medicación”.
La práctica tiene sus orígenes en las teorías desarrolladas durante los años 80 por el médico alemán Ryke Geerd Hamer, quien planteaba que las enfermedades estaban directamente relacionadas con conflictos biológicos y emocionales. Desde entonces, distintas corrientes retomaron y adaptaron esos conceptos dentro del campo de las terapias holísticas.
Menu Marque, reconoce que se trata de una perspectiva que todavía genera debate: “Científicamente aún no hay datos completamente comprobables, se necesitan más investigaciones y estudios”, explica. Sin embargo, considera que trabajar sobre las emociones puede aportar bienestar en distintos procesos de salud, “Pensar al ser humano como un todo integral ayuda a acompañar cualquier patología o enfermedad”, afirma.

En tiempos donde el estrés, la ansiedad y el agotamiento emocional forman parte de la vida cotidiana, la biodecodificación encuentra cada vez más espacio entre quienes buscan comprenderse desde otro lugar. No tanto como una respuesta definitiva, sino como una herramienta para explorar el vínculo entre el cuerpo, las emociones y la historia personal.


