La salud mental como urgencia: “Hoy Argentina atraviesa un escenario epidemiológico sin precedentes”

Ansiedad, depresión, estrés y agotamiento emocional atraviesan cada vez a más personas. El licenciado Gabriel Righetto advierte sobre el aumento de padecimientos psicológicos y la necesidad de garantizar el acceso a una atención profesional adecuada.

Hablar de salud mental ya no es un tema reservado a los consultorios ni a las crisis silenciosas. Hoy forma parte de la conversación diaria: en los días de fiebre mundialista, aparecía en los relatos de jugadores de la Selección Argentina que reconocían la importancia del acompañamiento psicológico, pero también en las charlas entre amigas que se animan a contar que van a terapia, y en familias que empiezan a comprender que pedir ayuda no es un signo de debilidad.

La ansiedad, el estrés, la depresión y el agotamiento emocional atraviesan a personas de todas las edades y contextos. Por eso, cada vez más argentinos recurren a la atención psicológica como una herramienta para cuidar su bienestar, ordenar sus pensamientos y encontrar nuevas formas de afrontar los desafíos cotidianos.

La creciente demanda de atención psicológica dejó de ser una percepción para convertirse en una realidad respaldada por distintos estudios. Para Gabriel Righetto, licenciado en Psicología MP 5253, y especialista en Psicología Social Comunitaria ME 681, la problemática atraviesa uno de sus momentos más complejos y requiere respuestas que excedan al sistema de salud. “En los últimos años, especialmente después de la pandemia por COVID-19, hubo un pico muy elevado de padecimientos vinculados a la salud mental. Pero hoy Argentina se encuentra frente a un flagelo epidemiológico nunca antes visto en esta materia”, afirmó.

El especialista señaló que tanto un reciente estudio del Observatorio de Psicología Social como un relevamiento realizado por la Pastoral Social en Río Cuarto llegan a conclusiones similares. Ambos reflejan un incremento de cuadros depresivos, trastornos de ansiedad, riesgo suicida y consumos problemáticos. Aunque considera que actualmente hablar de salud mental ya no representa un tema tabú, advierte que la situación supera ampliamente el plano individual. “Los malestares desbordan no solamente a los sujetos, sino también a las instituciones y a las comunidades.”

Righetto sostuvo que este escenario se agrava por las dificultades para acceder a la atención profesional. La pérdida de obras sociales y coberturas privadas, sumada a un sistema público de salud cada vez más exigido, deja a muchas personas sin posibilidades de recibir asistencia. “Cabe preguntarnos quién logra alojar a estas personas que cuentan con un padecimiento si ya no tienen obra social, no tienen prepaga y el Estado no está siendo garante de un derecho.”

También explicó que las condiciones sociales también inciden directamente sobre el bienestar psicológico. La pobreza, la indigencia, el desempleo y la incertidumbre económica aparecen como factores que profundizan el sufrimiento. “Si esas variables no son satisfechas —empleo, salarios dignos, cobertura de salud— sería prácticamente utópico pensar en términos de bienestar social”, remarcó.

Gabriel Righetto: Licenciado en Psicología MP 5253

Otro de los fenómenos que preocupa al profesional es el impacto de la tecnología en la vida cotidiana. Según explicó, internet, las redes sociales y, más recientemente, la inteligencia artificial, transformaron profundamente la manera de vincularse entre las personas. “Hoy tenemos sujetos hiperconectados de todas las edades. La inteligencia artificial es una herramienta más que nos mantiene pegados a una pantalla”. El problema reside en que, para el psicólogo, la hiperconectividad trae consigo consecuencias que afectan directamente la salud mental. “Individualiza, enajena y coarta ese lazo social, ese encuentro con el otro que tiene que ver con las relaciones humanas. Sin pensar y experimentar esas relaciones humanas es imposible hablar de salud mental”.

Frente a este escenario, Righetto considera que uno de los principales desafíos para los profesionales consiste en abandonar las miradas aisladas y avanzar hacia abordajes interdisciplinarios. “No alcanza con una sola disciplina para responder a una realidad tan compleja. Los problemas actuales requieren intervenciones compartidas y una lectura integral de cada situación, tanto individual como institucional y comunitaria”, explicó.

Remarcó la importancia de la formación permanente de quienes trabajan en salud mental. “No solamente hay que actualizarse en cuestiones propias de la disciplina. También es necesario incorporar perspectivas sociales, políticas, históricas y filosóficas que permitan comprender la realidad de la época”.

Righetto llamó a mantener una postura crítica frente a las propuestas que circulan en redes sociales y prometen soluciones rápidas para el sufrimiento emocional. “Cuando hablamos de salud mental hablamos de un tiempo, de un proceso y de un profesional formado en instituciones académicas avaladas y con matrícula”.

Detrás de cada estadística sobre ansiedad, depresión o estrés hay una persona que intenta seguir adelante: alguien que se levanta para ir a trabajar aunque no tenga fuerzas, una madre que busca ayuda para su hijo, un joven que no sabe cómo poner en palabras lo que le pasa o una amiga que, por primera vez, se anima a decir que necesita apoyo. La salud mental deja de ser solamente un tema de consultorio para convertirse en una responsabilidad colectiva. Escuchar, acompañar y garantizar el acceso a una atención profesional adecuada puede marcar la diferencia entre atravesar el dolor en soledad o encontrar una red que ayude a transformarlo en esperanza.

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