Dayana Casa, payamédica
La risa también es salud
Desde hace más de una década, la acompañante terapéutica Dayana Casa forma parte de Payamédicos Río Cuarto, una organización que pone en práctica el humor, el juego y la creatividad como herramientas de acompañamiento. En diálogo con Otro Punto, la payamédica explica cómo estas intervenciones pueden contribuir al bienestar emocional, acompañar y enfocar la mirada en lo positivo, en lo que cada persona sí puede hacer.
La salud, lo sabemos, se construye a través de medicamentos, estudios, tratamientos, entre otros aspectos. Pero también intervienen el estado de ánimo, los vínculos y la forma de acompañar.
En ese terreno trabajan los Payamédicos, quienes recurren al humor, el juego y la creatividad para generar encuentros capaces de transformar, aunque sea por unos minutos, la experiencia de una persona. Una propuesta que parte y se genera desde el mismo paciente o, como ellos prefieren llamarlos, “producientes”. Además de realizar intervenciones en hospitales y clínicas, también las concretan en escuelas, centros de adultos mayores, entre otros espacios.
Payamédicos nació en Buenos Aires en 2002, impulsado por el psiquiatra y terapista intensivo José Pellucchi. En Río Cuarto, la primera formación tuvo lugar en 2012. Dos años después se abrió una nueva capacitación y allí comenzó Dayana. Cinco años más tarde, Casa se formó como acompañante terapéutica, profesión en la que también aplica muchos de los aprendizajes adquiridos dentro de la organización.

-¿Cómo conociste Payamédicos y qué te llevó a comenzar a serlo?
-Vi en la televisión que empezaba una formación de Payamédicos. El nombre me llevó directamente a la película Patch Adams, porque me había atravesado mucho todo lo que había hecho este médico. No sabía muy bien hacia dónde apuntaba la capacitación, pero fui a la primera clase y ahí comenzó todo.
La curiosidad fue el punto de partida de un recorrido que ya lleva más de una década. Durante aquellas primeras clases, Dayana descubrió que detrás de una nariz de payaso y los colores existía una preparación específica. No se trataba solamente de tener facilidad para hacer reír, sino de aprender recursos teatrales, pautas de cuidado y una forma particular de vincularse con las personas.
-¿Creés que Payamédicos influyó en tu manera de trabajar como acompañante terapéutica?
-Sí, claro. Influyó un montón en mi forma de desdramatizar muchas cuestiones. Yo trabajo con personas en situación de discapacidad y, gracias a los paya, siempre puedo hacer este ejercicio de pasar de algo que parece dramático o negativo y transformarlo en algo positivo, que sirva. La mirada está puesta en lo que sí pueden hacer y no en lo que no pueden.
Ese cambio de perspectiva atraviesa tanto su trabajo profesional como las intervenciones que realiza junto al grupo. La intención no es desconocer las dificultades o limitaciones, sino evitar que ocupen todo el espacio. Allí donde parece haber solamente una pérdida, los Payamédicos buscan descubrir una posibilidad de creación, que es propuesta por el produciente.
Aunque actualmente trabaja como acompañante terapéutica, aclara que no es necesario ser médico, enfermero, docente ni tener una profesión vinculada con la salud o la educación para integrar la organización.
-¿Quién puede convertirse en payamédico?
Cualquiera puede ser payamédico. No hace falta ser médico, tener una profesión relacionada con la salud ni ser maestro. Puede sumarse cualquier persona que tenga ganas de hacer la formación y aprender esta manera de trabajar.
La formación dura aproximadamente tres meses y consta de dos grandes instancias. En “Payateatralidad” se trabajan los aspectos teatrales del personaje, la improvisación, el lenguaje corporal y el llamado “decir ético” del paya (este último tiene que ver con cuidar las palabras y decir todo desde un discurso positivo). Y en “Payamedicina” se abordan los aspectos vinculados con la medicina y con el desarrollo de las intervenciones en instituciones de salud.
-¿En qué se diferencia un payamédico de un payaso tradicional?
-Un payamédico no llega con un espectáculo preparado ni con un número armado. Todo se construye en el momento y a partir de lo que propone la otra persona. Además, como comentaba, trabajamos con un decir ético: cuidamos mucho las palabras y siempre tratamos de construir desde un discurso positivo. A diferencia por ahí del payaso tradicional, el payamédico no busca generar la risa a partir de la burla o la caída de otro personaje, que es lo que se suele ver por ejemplo en los payasos de circo. Siempre el enfoque es positivo.
La primera vez que Dayana ingresó a una habitación lo hizo acompañada por payamédicos que ya realizaban intervenciones. Durante la formación, esas primeras prácticas recibían el nombre de “payantías”. Fue en uno de aquellos encuentros donde comprendió el verdadero alcance de lo que había aprendido.

-¿Recordás alguna de tus primeras intervenciones?
–Sí, recuerdo especialmente una de mis primeras payantías. Había un señor al que le habían amputado un talón. Él nos contó que le gustaba mucho bailar, pero que creía que ya no iba a poder hacerlo. Entonces uno de los payamédicos le propuso que la palma de su mano fuera una pista de baile y que sus dedos hicieran la danza que quisieran. El señor aceptó la propuesta. Apoyó una mano sobre la otra, comenzó a mover los dedos y terminó riéndose de ese baile.
“Recuerdo haberme llenado de alegría y emoción al ver esa transformación. Él pasó a tener otro estado de ánimo y a reírse de lo que estaba haciendo. Para mí fue muy fuerte porque ahí entendí realmente de qué se trataba Payamédicos”, cuenta Dayana.
La intervención no se construyó desde aquello que el hombre había perdido, sino a partir de algo que todavía podía crear. Fue él quien habló del baile y, desde esa frase, apareció una pista sobre la palma de una mano.
En Payamédicos no hablan de “pacientes”, sino de producientes. El término busca reconocer a la persona como protagonista activa de lo que ocurre durante cada encuentro.
“Siempre nace del otro. Si habla de bailar, aparece el baile. Si aparece una mariposa, se trabaja con esa mariposa. Ningún agenciamiento se parece a otro, aunque las situaciones puedan repetirse”, explica Casa.
Las intervenciones reciben el nombre de “agenciamientos”. Antes de comenzar, los payamédicos llegan vestidos de civil y consultan con la institución a qué habitaciones o sectores pueden ingresar. Algunas personas pueden estar recién operadas, necesitar reposo o encontrarse atravesando una situación que no permita la intervención. Luego se cambian en un espacio destinado para ello y se organizan en duplas o triplas. Un payamédico nunca realiza un agenciamiento solo. El compañero no solo ayuda a construir el juego, sino que también funciona como sostén frente a las situaciones que pueden encontrarse.
“La dupla es fundamental. Nos miramos, nos habilitamos las propuestas y construimos juntos. Pero también nos sostenemos, porque hay realidades que afectan, aunque uno tenga puesta la nariz. Cuando terminamos hacemos un balance de lo que vivimos”, comenta.
La conexión entre los integrantes se trabaja desde la formación. Si uno inicia una idea, el otro la acompaña y la ayuda a crecer. No se marca el error ni se busca ridiculizar al compañero.
“Un paya puede decirle al otro: qué idea fantástica, doctora, cuéntenos. Así le da el paso para que continúe creando. Siempre se construye desde un intercambio positivo”, dice la payamédica.
La elección del vestuario también responde a criterios de cuidado. La nariz de los payamédicos es naranja y no roja porque se tuvo en cuenta el impacto que algunos colores podían generar en las personas internadas.
“Se investigó el efecto que podían tener determinados colores. Antes la nariz era roja, pero se cambió por la naranja porque, en algunos pacientes, el rojo podía asociarse con la sangre”, explica Dayana.
Los colores del guardapolvo también fueron cuidadosamente seleccionados y algunas tonalidades dejaron de utilizarse por las sensaciones que podían provocar en determinados contextos. Los accesorios, además, son mínimos: no llevan objetos difíciles de higienizar ni elementos que puedan interferir con la dinámica de las instituciones de salud.
El principal recurso es la imaginación. “Podemos preguntarle a alguien cómo suena un rayito de sol y, a partir de ahí, empezar a construir juntos. Todo nace de la creatividad y de lo que propone el produciente”, dice Casa.
Para Dayana, uno de los conceptos centrales de Payamédicos es comprender que la risa no reemplaza un tratamiento médico, pero sí puede ayudar a transitar de otra manera una situación compleja.

-¿La risa también puede ayudar a sanar?
-Nosotros, como Payamédicos, creemos fielmente que la risa ayuda a curar y sanar. Cuando una persona se ríe, en el cerebro se producen endorfinas y eso genera un mayor estado de bienestar en quien está atravesando un momento difícil. Sabemos que la cura es todo un proceso y que depende de muchísimas cosas, pero, durante los quince o veinte minutos que puede durar un agenciamiento, algo en su atmósfera cambia. La persona conecta con su niño interior, se siente alegre, se ríe y, por un momento, se olvida o cambia el foco de lo que le está pasando.
-¿Una sonrisa vale más que mil palabras?
-Sí, sin lugar a dudas. Payamédicos me enseñó que podemos expresarnos con todas las partes de nuestro cuerpo: con gestos, con sonrisas y con miradas. Hay muchas formas de bailar y muchas formas de divertirse. Una sonrisa vale más que mil palabras, es así.
-¿Qué pasa si una persona no quiere participar?
-Nosotros tomamos lo que el produciente nos ofrece. Si no quiere jugar, respetamos eso. Siempre entramos por el pequeño lugar que la otra persona nos deja. Nunca imponemos una intervención.
Después de más de diez años recorriendo distintos espacios, Dayana asegura que las experiencias vividas también la transformaron a ella.
“Uno piensa que va a dar, pero siempre recibe el doble. A veces es una palabra, otras una sonrisa o una mirada. Son experiencias que te cambian.”
Actualmente, cuenta Dayana, Payamédicos Río Cuarto atraviesa un proceso de reorganización para volver a intervenir de manera regular en hospitales y clínicas, luego de los cambios que produjo la pandemia. Mientras tanto, el grupo continúa desarrollando propuestas como “Paya Calle”: intervenciones en la vía pública y “Paya Sol” (campaña de concientización sobre la donación de órganos y tejidos).

-Para quienes quieran ser Payamédicos, ¿hay nuevas convocatorias?
-Sí. La idea es volver a abrir una formación. Siempre invitamos a que la gente esté atenta porque cualquiera puede ser payamédico. No hace falta ser médico, docente ni trabajar en salud. Solo hace falta tener ganas de aprender y compartir esta forma de acompañar. Las novedades sobre futuras capacitaciones y actividades pueden seguirse a través de la cuenta de Instagram @payamedicosriocuarto. Después de más de una década, Dayana sigue convencida de que detrás de una nariz naranja hay mucho más que humor. Hay escucha, creatividad, empatía y una forma de acompañar. “Mi mirada siempre intenta estar puesta en lo que la persona sí puede hacer. Creo que eso es una de las cosas más valiosas que me deja Payamédicos, tanto en mi vida como en mi profesión.”, concluye.


