QUE SUPLEMENTOS AYUDAN EN LA NUEVA LONGEVIDAD?

Médico especialista en cardiología y gestión de servicios de salud. Director médico del Sanatorio Privado de Río Cuarto. Consultor del Servicio de cardiología del Hospital Italiano de Buenos Aires

Cumplir 50 años no significa que el cuerpo deba resignarse a perder fuerza y ​​memoria. La ciencia actual, dentro de lo que se llama “la nueva longevidad”, muestra que algunos suplementos pueden ayudar a mantener los músculos, los huesos y la mente en buen estado, pero solo cuando se usan en el contexto correcto. Otros, tomados sin necesidad, no aportan beneficio o incluso pueden ser perjudiciales. Esta guía también repasa qué análisis de sangre y orina conviene pedir a partir de esta edad.

Vitamina D: solo tiene sentido si hay déficit real

Durante años se recomendó vitamina D de manera casi automática después de los 50. Hoy la evidencia es más matizada. En personas con niveles normales en sangre, agregue el suplemento para no reducir de forma clara el riesgo de fracturas, caídas ni de enfermedad cardiovascular.

El beneficio aparece cuando existe una deficiencia comprobada por análisis de sangre (el valor que se mide se llama 25-hidroxivitamina D). No es necesario medirla en toda persona sana; Se recomienda pedirla en situaciones puntuales: personas con osteoporosis (sobre todo si van a iniciar un medicamento para los huesos), antecedente de caídas o de fracturas sin traumatismo importante, poca exposición solar, enfermedad renal crónica, enfermedad hepática, síndromes de mala absorción intestinal o cirugía bariátrica previa, obesidad, embarazo o lactancia, y uso prolongado de ciertos medicamentos (anticonvulsivos, corticoides, algunos antifúngicos).

En quienes tienen déficit confirmado, dosis de 800 a 1000 unidades internacionales por día se asocian con menor riesgo de caídas y de fracturas de cadera. Dosis muy altas o esquemas de una sola toma mensual no agregan beneficio y en algunos estudios se relacionaron con más caídas.

Osteoporosis: calcio y vitamina D como acompañantes, no como tratamiento único

La osteoporosis es la pérdida de densidad y resistencia del hueso, que aumenta el riesgo de fracturas, especialmente de cadera, columna y muñeca. En personas con este diagnóstico, las guías recomiendan un aporte de 1000 a 1200 miligramos de calcio por día, preferentemente a través de la alimentación (lácteos, vegetales de hoja, legumbres), y de 400 a 1000 unidades internacionales de vitamina D por día. Estos nutrientes acompañan el tratamiento farmacológico de la osteoporosis, pero por sí solos no reemplazan la medicación cuando esto es necesario. El exceso de calcio en suplementos, por encima de lo recomendado, no aporta beneficio adicional y se ha asociado con mayor riesgo de cálculos renales.

Sarcopenia: cuando el músculo pierde fuerza y ​​masa

La sarcopenia es la pérdida progresiva de masa muscular y, sobre todo, de fuerza y ​​funcionalidad, que ocurre con el envejecimiento y se acelera por el sedentarismo y la enfermedad. Se sospecha cuando disminuye la fuerza de agarre de la mano o aparece dificultad para levantarse de una silla, caminar rápido o subir escaleras, y se confirma con estudios que miden la masa muscular. Es relevante porque se asocia con caídas, fracturas, pérdida de independencia y mayor mortalidad.

Proteínas: la base para conservar el músculo, útil también en sarcopenia

A partir de los 50 años, el cuerpo necesita más proteína que en la juventud para lograr el mismo efecto de mantenimiento muscular. La evidencia respalda un aporte de proteínas superior al mínimo habitual, con alimentos de buen perfil de aminoácidos (carnes, huevos, lácteos, legumbres), repartido en varias comidas y combinado con ejercicio de fuerza. Este beneficio se observa tanto en personas sanas como en quienes ya tienen sarcopenia. En personas con enfermedad renal, la cantidad de proteína debe personalizarse con el médico.

Ácidos grasos omega-3: efecto modesto sobre el músculo y el corazón

Los ácidos grasos omega-3 (presentes en pescados grasos y en suplementos de aceite de pescado) favorecen la masa y la fuerza muscular, sobre todo en dosis superiores a 2 gramos diarios de EPA y DHA (los dos componentes activos del omega-3), y en combinación con entrenamiento de fuerza. Sobre el corazón, un estudio de gran tamaño en personas mayores de 50 años (varones) y 55 años (mujeres) mostró que el omega-3 en dosis de 1 gramo diario no redujo el conjunto de eventos cardiovasculares mayores, pero sí redujo el infarto de miocardio, con mayor beneficio en quienes comían pescado con poca frecuencia. No es un suplemento que reemplaza el tratamiento del riesgo cardiovascular, sino que puede sumar un beneficio moderado en personas seleccionadas.

Riesgo cardiovascular: cautela con los suplementos “protectores”

Entre las personas con mayor riesgo cardiovascular, conviene saber que no todos los suplementos promocionados como protectores del corazón tienen respaldo científico. Además del omega-3 ya mencionado, el ácido fólico se ha asociado con menor riesgo de accidente cerebrovascular, mientras que otros, como el betacaroteno, se han asociado con mayor riesgo de mortalidad y de accidente cerebrovascular, por lo que no deben recomendarse con ese fin. La vitamina C, la vitamina E y el selenio, en los estudios disponibles, no muestran un efecto protector cardiovascular claro.

Creatina: aliada del músculo, con datos iniciales sobre la memoria

La creatina es uno de los suplementos con evidencia más sólida en personas mayores para mantener masa muscular, fuerza y ​​funcionalidad (por ejemplo, la capacidad de levantarse de una silla), siempre que se combina con ejercicio de resistencia. Sobre su efecto en la memoria, la evidencia es más preliminar, con mejoría en algunos estudios pero de calidad aún limitada.

Vitamina B12: solo corrige lo que falta

La vitamina B12 es fundamental para el sistema nervioso. Su déficit puede causar fatiga, hormigueo, anemia y problemas de memoria, pero suplementarla en personas con niveles normales no mejora la memoria ni previene el deterioro cognitivo. Conviene medirla ante síntomas sugestivos, o en personas con mayor riesgo: uso prolongado de ciertos medicamentos para el estómago o de metformina en diabetes, o dietas vegetarianas o veganas estrictas.

Qué análisis conviene pedir de rutina después de los 50 años

No existe un único “panel ideal” válido para todas las personas, pero la evidencia respaldada se revisa periódicamente:

• Hemograma completo , para detectar anemia u otras alteraciones.

• Función renal (creatinina en sangre, con cálculo de la filtración estimada) y electrolitos (sodio, potasio, calcio).

• Perfil de lípidos (colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos), para evaluar riesgo cardiovascular.

• Glucosa en ayunas o hemoglobina glucosilada , para detectar prediabetes o diabetes; se sugiere repetir cada 3 años, o antes si hay sobrepeso u obesidad.

• Hormona estimulante de tiroides , ante síntomas o factores de riesgo de enfermedad tiroidea.

• Análisis de orina , incluyendo la relación entre albúmina y creatinina en orina, útil para detectar daño renal temprano, especialmente en personas con presión arterial elevada, diabetes o enfermedad cardiovascular.

• Presión arterial , al menos una vez por año a partir de los 40 años.

• Peso, índice de masa corporal y circunferencia de cintura , como medidas simples de riesgo metabólico.

En resumen Ningún suplemento reemplaza al pilar central de un envejecimiento saludable: la actividad física regular, en especial el ejercicio de fuerza, junto con una alimentación variada. En personas con osteoporosis, sarcopenia o mayor riesgo cardiovascular, algunos suplementos (calcio, vitamina D, proteínas, omega-3, creatina) pueden sumar un beneficio real, pero ese beneficio depende siempre del contexto clínico y, en el caso de la vitamina D y la B12, de confirmar antes un déficit por análisis de sangre. Antes de iniciar cualquier suplemento o de pedir estudios de laboratorio, es aconsejable consultar con el médico de cabecera, quien puede adaptar la indicación a cada persona.

La vitamina D y la vitamina B12 no forman parte de este panel general; se piden de forma dirigida, según los síntomas o factores de riesgo descritos más arriba.

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