Frente al PAMI, afiliados y organizaciones sociales volvieron a manifestarse para exigir respuestas ante la falta de cobertura, las demoras en estudios clave y el impacto de los recortes en la vida cotidiana de los jubilados.
No parecen una amenaza. No son más de 40, en Alvear al 800. Casi todos son miembros de alguna agrupación. Una circunstancia los atraviesa sin distinción: son víctimas de los recortes del Gobierno. Están sobre la vereda, un poco apretados. Enfrente, policías custodian la pacífica manifestación. Luego de que los uniformados cortaran el tránsito de la concurrida calle, pueden bajarse y dispersarse.
De a poco se van sumando algunos más, pero la convocatoria no es muy grande. “Me da vergüenza ser riocuartense”, dice un médico que pasa por la calle al ver la modesta manifestación. Comienza a circular entre los participantes una nota para ser firmada que, al finalizar la manifestación, será presentada a los directivos del PAMI Rio Cuarto.

Entre los carteles, uno reza: “Mientras un muerto no sea tu muerto. Mientras el hambre no sea tu hambre, mientras un enfermo de diabetes no sea tu enfermo, nunca entenderás la gravedad que estamos viviendo en nuestro país. ¡Abrí tus ojos y tu corazón!”.
Suena a plegaria. A un sacudón para desperezar a una sociedad aletargada.
En la mañana del miércoles, frente a la sede local de Pami acudieron agrupaciones como AGD, UEPC, que acompañaban y se unían a esta protesta. Pero lo que más movilizó fueron los testimonios en carne propia: “Aporté toda la vida y cobro 358 mil pesos. Vengo a la delegación y tengo que suplicar, esperar a ver si estoy apta o no para hacerme estudios”, cuenta una mujer. Habla de descuentos, de trámites interminables y de un sistema que dejó de responder. “Vi a mi marido muy grave, casi se muere, y aun así me descuentan 100 mil pesos. Para una resonancia magnética hay solo 15 turnos para 72 mil afiliados. ¿A ustedes les parece? Es una vergüenza”.
Su relato se endurece cuando menciona su historia familiar: “Tengo dos hijos discapacitados. Uno se me murió hace un año y medio. Y le sacaron todo”. Los rostros muestran lágrimas de impotencia, dolor, preocupación. Algunos están apoyados sobre las paredes, sin decir nada, con el ceño fruncido. Otros gritan, cansados, con la esperanza de que sus voces lleguen a oídos de quienes pueden cambiar algo.
A su lado, otro testimonio pone el foco en el deterioro general del sistema: “La farmacia, los médicos y todos los profesionales forman parte de un sistema que debería garantizar la atención. Pero hoy está desfinanciado. Esto afecta a los mayores, a las personas con discapacidad, a los niños. Hablamos de vacunas, prótesis, tratamientos. No es un detalle: es la salud de la gente”.
Gran parte del padrón lo integran mayores de 80 años, lo que —según plantean— exige una atención específica que hoy no está garantizada. El reclamo también apunta a poder participar en las decisiones de la obra social: “Somos afiliados, somos parte, y nos corresponde tener voz”.
Desde el Sindicato Docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto, alineado con AGD, remarcan la necesidad de sumar voluntades: “Estamos acá para llevar la unidad a la calle. Es una lucha sectorial, pero tenemos que unir todas las luchas. A este gobierno se lo enfrenta en la calle, es la única manera”. Se comienza a proyectar una convocatoria mayor: una nueva Marcha Federal prevista para el 12 de mayo, que según expresan debería sintetizar todas las demandas.
Cuando terminaba la manifestación, intentaron entrar al PAMI para dejar la nota firmada, pero les cerraron las puertas para que nadie pasase. “Dejennos entrar, si solo somos unos viejitos meados”, gritó una mujer desde afuera. Luego de un rato, dos representantes pudieron cumplir su cometido y alcanzar la nota. Adentro de la delegación, fueron aplaudidos. La mañana avanza. El sol ya está alto. Y aunque la convocatoria no haya sido masiva, las voces que se escucharon dejan en claro que, para quienes están ahí, el problema no es menor: es cotidiano, urgente y colectivo.

