Es riocuartense, tiene 22 años y fue noticia nacional por coronarse como Reina Nacional Trans. El reconocimiento es apenas una parte de una historia atravesada por el esfuerzo, la discriminación y la decisión de seguir adelante sin esconderse.
Hubo un tiempo en el que Julieta sintió que debía esconder partes de sí misma para ser aceptada. Ser Reina Nacional Trans es el reconocimiento que hoy lleva Julieta Alaniz, pero la historia que la trajo hasta ese lugar comenzó mucho antes de la corona. Está hecha de sueños, de momentos difíciles, de discriminación y, sobre todo, de una decisión que cambió su vida: dejar de esconder quién era para vivir con autenticidad. Cada paso fue construyendo a la mujer que es hoy. Y cuando mira hacia atrás, no recuerda únicamente los logros, sino también todo aquello que la fortaleció.
La historia de Julieta comenzó en un hogar de bajos recursos, donde el trabajo era parte de la vida cotidiana desde chica. Junto a sus hermanos vendía pan en la calle para ayudar a la economía familiar. Aun en medio de las dificultades, sus padres nunca dejaron de insistir en la importancia de la educación, convencidos de que el estudio podía abrirle puertas. Ese esfuerzo dio sus frutos cuando logró terminar la escuela secundaria.

En la pandemia ella empezó su transición, y comenzó a vivir con la identidad que siempre había sentido como propia. Sin embargo, ese proceso también estuvo atravesado por situaciones de discriminación y exclusión. Cuenta que para sus compañeros de la escuela fue un proceso impactante. “Me hacían ir al baño de discapacitados, por ejemplo”, cuenta. Una experiencia que reflejó las barreras y los prejuicios con los que debió convivir.
Lejos de detenerla, esas vivencias fortalecieron su determinación. Luego hizo cursos de modelaje. Con el tiempo, transformó las dificultades en impulso y fue construyendo el camino que la llevó a convertirse en Reina Nacional Trans, un reconocimiento que hoy utiliza para visibilizar su historia y alentar a otras personas a vivir con autenticidad, sin renunciar a sus sueños.
—Si pudieras hablar con la Julieta de hace diez años, ¿qué le dirías?
—Le diría que nunca deje de soñar. Que todo el esfuerzo, las lágrimas y los momentos difíciles iban a tener sentido. Que algún día iba a sentirse orgullosa de la mujer en la que se convirtió y que nunca se avergüence de sus comienzos, porque fueron los que le dieron la fuerza para llegar hasta acá.
—¿Alguna vez sentiste que tenías que cambiar quién eras para ser aceptada?
—Sí, muchas veces. Durante mucho tiempo sentí que tenía que esconder partes de mí para ser aceptada. Pero entendí que vivir intentando encajar tiene un costo muy alto. Elegí ser yo, aunque el camino fuera más difícil, y hoy sé que fue la mejor decisión.
Los momentos más difíciles de su vida dejaron de ser únicamente cicatrices para convertirse en la prueba de una fortaleza construida con el tiempo. Cuenta que cada obstáculo la fue moldeando, enseñándole que la resiliencia no consiste en evitar el dolor, sino en aprender a caminar con él hasta transformarlo en impulso. Hoy, aquellas heridas ya no hablan de lo que perdió, sino de la mujer en que logró convertirse.
Quizá la vida la estaba preparando para el momento que muchos años después iba a llegar. Cuando recibió la corona desfilaron ante sus ojos los años de lucha, las caídas, los sueños que alguna vez parecieron imposibles y el largo camino recorrido para llegar hasta allí. Más que un reconocimiento, aquel momento fue la confirmación de que la perseverancia también puede escribir finales llenos de luz.
—¿Qué fue lo primero que pensaste cuando escuchaste tu nombre?
—Pensé en todo el camino recorrido. Recordé a esa Julieta que luchó tanto para salir adelante, a los momentos en los que parecía imposible y a todas las veces que estuve a punto de rendirme. Sentí que todo había valido la pena.
Nada de eso, dice, habría sido posible sin quienes estuvieron a su lado. “Mi familia y las personas que me apoyaron de verdad fueron fundamentales. También hubo personas que confiaron en mí cuando yo todavía dudaba de mí misma. Ese acompañamiento fue muy importante para seguir adelante.”

—¿Qué significa para vos ser Reina Nacional Trans?
—Es una enorme responsabilidad y un honor. Me gustaría que mi historia sirva para demostrar que nadie debería renunciar a ser quien es por miedo al rechazo. Si mi recorrido puede darle esperanza a alguien, entonces ya siento que todo esto tiene un propósito mucho más grande que una corona.
La reina también cree que el reconocimiento nunca debe hacer olvidar los orígenes. “Creo que el éxito amplifica lo que uno ya es. Si sos una persona humilde, vas a seguir siéndolo. Y si olvidás de dónde venís, eso también se nota. Por eso siempre intento recordar mis raíces.” Su deseo es que la sociedad aprenda a mirar más allá de las etiquetas.

—¿Qué mensaje te gustaría dejar?
—Que no hay un solo camino para cumplir los sueños y que nadie debería ser juzgado por su identidad o por su pasado. Me gustaría que la gente vea primero a la persona, antes que cualquier etiqueta.
También tiene palabras para quienes hoy atraviesan situaciones similares a las que ella vivió.
—No permitan que la opinión de los demás defina su valor. Los momentos difíciles no duran para siempre y, aunque hoy parezca imposible, siempre hay una oportunidad para salir adelante. Nunca dejen de creer en ustedes mismos.
Cuando imagina cómo le gustaría ser recordada, Julieta no habla de coronas ni de títulos. “Me gustaría que me recuerden como una mujer valiente, auténtica y perseverante. Alguien que nunca dejó de luchar por sus sueños y que abrió puertas para que otras personas también se animaran a perseguir los suyos. Más que por una corona, me gustaría ser recordada por el impacto positivo que pude dejar en la vida de los demás.” Su historia demuestra que los mayores reconocimientos no siempre se llevan sobre la cabeza, en forma de corona. A veces quedan en las huellas que una persona deja en los demás. Porque al final, su mayor conquista no fue convertirse en reina. Fue animarse a vivir con autenticidad y demostrar que los sueños pueden ser más fuertes que los miedos más grandes. Y, como ella dice, “si mi recorrido puede darle esperanza a alguien, todo tiene más propósito”.

