Desde el Frente de Jubilados y Pensionados de Río Cuarto advierten que la situación busca asfixiarlos, y apuntan directamente contra el gobierno nacional. Aseguran que, para la gestión de Javier Milei, “son una carga”, y difundieron un comunicado en el que detallan necesidades urgentes y reclamos concretos. La falta de medicamentos, la mala alimentación y la pérdida del poder adquisitivo, como ejes centrales. “Hay que ponerse en el lugar del otro”, piden.
Fotos Archivo: Santiago Mellano
Los miércoles, en el Congreso, se volvieron un símbolo. Marchar ya no es solo una protesta: es una forma de decir “acá estamos, y vamos a luchar por lo nuestro”. Jubilados y jubiladas se movilizan en todo el país para exigir condiciones de vida dignas, algo que, aseguran, hoy está lejos de garantizarse.
“Como Frente de jubilados/as y pensionados/as de Río Cuarto formamos parte de una red a nivel nacional. Hay movilizaciones en Capital Federal y en distintas ciudades y pueblos. En Río Cuarto hemos hecho sentadas, concentraciones, y esta vez emitimos un comunicado”, explica Cecilia Saroff, integrante del espacio.

En ese documento, el reclamo colectivo denuncia el ajuste del gobierno nacional y su impacto sobre los sectores más vulnerables, con recortes en salud, ingresos y políticas públicas.
“La situación de los jubilados y jubiladas está muy mal, quieren hacernos desaparecer. Somos una carga para este gobierno. Somos el primer sector atacado. Nos sacaron los medicamentos gratuitos, no nos dan los aumentos que deberíamos tener. La mayoría está muy lejos de cobrar lo que debería ser una canasta básica de una persona mayor. Hoy, hay personas mayores que están muriendo por falta de medicamentos o atención”, afirma Saroff con crudeza, y agrega una frase que sintetiza el impacto en este sector de la sociedad: “La motosierra primero pasó por los jubilados”.
Entre los reclamos centrales figuran un haber mínimo equivalente a la canasta básica, la gratuidad de medicamentos a través del PAMI y la implementación de una Ley de Moratoria Previsional, especialmente clave para muchas mujeres que hoy no logran acceder a una jubilación.
Comer o medicarse
En algunas realidades, la disyuntiva es tan concreta como dramática: “si comen o compran medicamentos”. Así lo describe Saroff, quien advierte que muchos jubilados incluso reducen dosis para poder sostener tratamientos. “Algunos compañeros han terminado muriendo. Tenemos una edad que no podemos arriesgarnos a no tener una medicación apropiada. Pedimos la gratuidad de los medicamentos que antes el PAMI nos entregaba”.
En el día a día, hay cuestiones que se resienten, como es el caso de la alimentación. Muchas veces, la heladera se ve desierta. “Lo primero que se recorta es la comida. Comienzan a alimentarse mal. La carne es una de las primeras cosas que dejan. Quieren ahorrar en torno a los alimentos y lo otro es en cuanto a los medicamentos. Son las dos cosas en las que más gasta un jubilado”.
En este sentido, muchas veces, se suma el problema habitacional: “Hay muchas personas mayores sin casa. La mayoría de los jubilados, si los hijos no los ayudan, no tienen vivienda. Es una situación terrible para un país como el nuestro”, expresa.
“Hemos trabajado toda la vida”
No llegaron hasta acá por casualidad: trabajaron toda su vida, aportaron durante décadas y hoy pelean por no perder lo que se ganaron. “Hemos trabajado toda la vida, hemos aportado a este país. Solo queremos tener una situación digna”, resume Saroff, poniendo en palabras un reclamo que atraviesa a miles de personas en todo el territorio nacional.
También advierte sobre la eliminación o limitación de herramientas como la moratoria previsional: “Si no existe la moratoria, la mujer cumple los 60 años y, si no tiene los 30 años de aporte, tiene que seguir esperando”.
En este documento también cuestionan decisiones económicas y denuncias de irregularidades: “Dijeron que venían a terminar con la casta y eso no ocurrió. Hay mucha corrupción, se ve, se nota. Ahora nos vamos enterarnos de distintas cosas, como los créditos del Banco Nación a funcionarios y legisladores. Hay cosas muy graves”.

En sus zapatos
El mensaje también apunta a la sociedad, a aquellos que siguen sosteniendo desde la convicción las políticas de este gobierno: “Sería bueno poder ponerse en el lugar del otro. No todos los jubilados están en una situación tan grave, pero hay muchos que sí. Hay que ponerse en la piel. Si te quedas con lo que solo te pasa a vos, es muy egoísta. Hay que ver que le pasa al del lado. Al conjunto y ver a quién votamos y apoyamos”.
Cecilia, junto al resto de los compañeros que integran este espacio, quieren dejar en claro que no se trata de un sector pasivo ni resignado, ni jubilados de convicciones; todo lo contrario. Lejos de la imagen de quietud, se definen como un sector activo y en lucha, dispuesto a ocupar las calles, organizarse y hacer oír su voz. Con una agenda concreta, sostienen que “no alcanza con resistir”, y mencionan que es tiempo de construir alternativas.
“Tenemos que juntarnos todos los trabajadores y proponer cómo se puede salir de esto y vivir mejor. Lejos de aceptar esta condena a la que nos quiere someter, con la colaboración de otros sectores, estamos dispuestos a dar batalla”, dice, a modo de cierre.
No se resignan: se organizan, luchan y no están dispuestos a desaparecer.

