MARCELO FIGUERAS: “El Indio Solari me regaló una amistad que no imaginaba volver a vivir”

El escritor y periodista llega a Río Cuarto para presentar Indio Solari. Recuerdos que mienten un poco en la Feria del Libro Juan Filloy y adelantó que está trabajando en un documental sobre la vida del ídolo. A pocos meses de la muerte del músico, habló con Otro Punto sobre los cuatro años de conversaciones que dieron origen al libro, la amistad que nació entre ellos, aquello que todavía extraña y la vigencia de una obra que, asegura, sigue ofreciendo pistas para entender el presente.

“Es mejor no conocer a tus ídolos”, dice una frase bastante repetida; por aquello de que conocer a la persona detrás del artista puede romper la admiración. Pero al periodista y escritor Marcelo Figueras le pasó exactamente lo contrario con el Indio Solari. Lo admiró primero como fan, lo siguió durante años como periodista y, cuando finalmente lo conoció de cerca, descubrió más de lo que esperaba. “El Indio, lejos de decepcionarme, me fascinó mucho más”, contó. Cuatro años de conversaciones para escribir Recuerdos que mienten un poco terminaron transformando aquel vínculo profesional en una amistad que hoy recuerda con enorme cariño.

Hablar del Indio, para Figueras,  tiene algo de reencuentro. A pocos meses de su muerte, asegura que volver sobre aquellas conversaciones no lo lleva solamente al dolor porque también es una manera de mantenerlo cerca.

– Volvés a presentar Recuerdos que mienten un poco a pocos meses de la muerte del Indio. ¿Qué significa para vos hablar hoy de este libro?

– Para mí es una forma más de seguir teniéndolo cerca. Creo que uno nunca termina de sobreponerse al dolor, obviamente, pero me doy cuenta de que hablar de él me da felicidad, me produce felicidad. En vez de recordarlo, tenerlo presente, darme cuenta de cómo todo lo que hizo, dijo y produjo sigue iluminando de algún modo la circunstancia del país y de la vida de cada uno de nosotros.

“El Indio, lejos de decepcionarme, me fascinó mucho más porque, además de todo lo que ya era como artista y como referente cultural, social y político, me pareció un tipazo”, dijo Figueras.

El vínculo entre ambos había comenzado mucho antes de que existiera la idea del libro. Figueras entrevistaba al Indio desde comienzos de los años 80 y siguió de cerca la trayectoria de Los Redondos hasta su separación. Había una relación profesional, pero también afinidades: libros, música y, especialmente, el cine.

– ¿Cómo se fue dando ese paso de un vínculo profesional a una amistad?

-Nos conocíamos lo suficiente porque yo ya lo había entrevistado muchas veces desde comienzos de los 80 hasta la separación de Los Redondos. Sabíamos que, más allá de lo puramente profesional, había afinidades, había lecturas en común, escuchas en común. Yo siempre fui cinéfilo y soy guionista de cine, y él, antes de convertirse en rocker, una de las cosas que había querido hacer era cine. Sabíamos que había un universo de cosas que nos entusiasmaban en común. El Indio, lejos de decepcionarme, me fascinó mucho más porque, además de todo lo que ya era como artista y como referente cultural, social y político, me pareció un tipazo. Era un tipo muy generoso, muy afectuoso, muy sensible y por eso terminó convirtiéndose en un amigo. Me regaló el tipo de amistad que yo no imaginaba que iba a volver a experimentar.

Hoy es justamente ese vínculo cotidiano lo que más extraña. El escritor todavía puede volver a las canciones, a los textos, a los videos y al propio libro, pero hay algo que ninguno de esos registros puede reemplazar.

– ¿Qué es lo que más extrañás de esa amistad?

– Ese contacto semanal. Después, estoy como todos los demás: puedo escuchar sus canciones, puedo leer sus cosas. Lo que me falta es su contacto todas las semanas, la posibilidad de saber que dentro de pocos días me voy a volver a encontrar con él, que nos vamos a cagar de risa como siempre y que le voy a poder preguntar cosas que antes no se me habían ocurrido.

La historia de Recuerdos que mienten un poco comenzó de una manera bastante menos planificada. Figueras recibió un correo durante un fin de semana. Hacía alrededor de 15 años que no veía personalmente al Indio, aunque habían mantenido cierto contacto. Cada vez que publicaba algo sobre Los Redondos o sobre su carrera solista, Solari se tomaba el trabajo de escribirle para agradecerle.

“Casi me caigo de la cama”, confesó el periodista cuando le dijeron que Solari quería que colaborara con su biografía.

– ¿Te acordás cómo fue el momento en que te convocó para hacer el libro?

– Fue a través de un mail que me mandó, creo que un fin de semana, a través del mánager que tenía en ese momento. Me decía que el Indio estaba considerando la posibilidad de escribir su biografía y quería que fuese yo el que lo ayudase en ese proceso. Casi me caigo de la cama jaja. Primero porque literalmente vi el mail estando en la cama, cuando me desperté y manoteé el celular. Sobre todo porque hacía 15 años que no nos veíamos.

La propuesta tenía una responsabilidad particular. Para entonces ya se habían publicado numerosos libros sobre Los Redondos y sobre el Indio, pero ninguno había contado con su participación directa. Esta vez era él quien había tomado la decisión de abrirse y reconstruir su propia historia.

Figueras lo vivió como periodista, pero también como fan: “Yo sabía que como periodista era la oportunidad dorada. Pero además también era una oportunidad dorada para mí porque yo era fan, siempre fui fan de Los Redondos. Admiré mucho al Indio desde que lo escuché por primera vez y finalmente lo conocí. Tenía la posibilidad de ser el primero en escuchar cosas que me interesaba escuchar, sobre todo como fan”.

El trabajo duró cuatro años. Recorrieron una y otra vez la vida de Solari, Figueras comenzó a escribir los capítulos y, a medida que avanzaban, aparecían nuevos recuerdos que obligaban a corregir, agregar y volver sobre distintas etapas.

– ¿Cómo fue ese proceso de construcción del libro?

– Lo hicimos con toda la seriedad del caso. El Indio, como laburante, como artesano, siempre fue un obsesivo de lo suyo y yo también lo soy de lo mío. Repasamos toda su historia desde el principio hasta el presente. Yo empecé a escribir, compartíamos las primeras versiones de los capítulos, él se iba acordando de nuevas cosas y yo iba corrigiendo y sumando. Recorrimos el circuito de su vida un montón de veces hasta que creo que los dos entendimos que estaba como debía estar.

Después de la muerte del músico, el libro adquirió para Figueras una dimensión aún más personal. Es uno de los lugares a los que vuelve cuando quiere reencontrarse con su voz. Cuando le consultamos si pudo resignificar el libro después de la muerte del Indio, Marcelo suspira y hace una pausa larga, como si el recuerdo y todo lo vivido durante esos años volvieran a hacerse presentes y dice: “Es el libro al que vuelvo para encontrármelo. Después está la música y hay videos sueltos por ahí, pero vuelvo a él por muchas razones” y agrega: “Estoy trabajando en un documental sobre él, en el cual en realidad estábamos trabajando juntos también. En los últimos años estuvimos laburando en esto. Yo escribía el guion, lo veíamos juntos, lo corregía y seguíamos adelante. Obviamente ahí el libro era como la piedra basal, donde están todos los eventos y los hechos esenciales de su vida”.

Figueras cuenta que el Indio solía abrir el libro al azar para reconectar con parte de su historia.

Figueras cuenta que el propio Indio volvía con frecuencia a aquellas páginas.

“Siempre me daba mucha ternura el hecho de que él mismo consultara el libro constantemente. Lo tenía siempre a mano y decía que lo usaba como si fuese el I Ching, el antiguo libro chino de los hexagramas, que suele abrirse e interpretarse como una guía. Lo abría al azar en distintos lados, como una manera de reconectar con su vida. Yo sigo encontrando a ese Indio ahí”, resume Figueras.

La estructura del libro, construida como una extensa conversación entre ambos, hace que al releerlo pueda recuperar también algo de aquellas horas compartidas. “Casi me ayuda a escucharlo nuevamente adentro de mi cabeza”, dice el periodista.

– ¿Hubo algún tema que pensaras que le podía costar abordar y que finalmente habló con absoluta libertad?

-Una de las primeras cosas que hablamos fue esa. Yo le pregunté si había algo que él prefería dejar afuera o no tocar y él inmediatamente me dijo que por supuesto que no, que estaba dispuesto a hablar de todo lo que hubiese que hablar, por más doloroso que fuese.

“Entre esos episodios menciona la muerte de Walter Bulacio y la separación de Los Redondos. Siempre fue absolutamente abierto. No quiso dejar fuera de campo ninguna cuestión”, comenta el escritor.

Para Figueras, por eso mismo, Recuerdos que mienten un poco terminó convirtiéndose en algo más que las memorias de un músico. Al seguir la vida del Indio también aparece, detrás, buena parte de la historia argentina de las últimas décadas.

– ¿Creés que hoy el libro también puede leerse como un documento de una época?

– Sí, claro. Una de las maneras en que para mí se resignifica el libro en esta circunstancia, en la ausencia del Indio y en la circunstancia del país que estamos viviendo, es que a través de su historia es muy fácil acceder a la historia profunda del país.

Figueras recuerda que Solari nació durante el primer peronismo y que su infancia familiar cambió después de 1955, cuando su padre perdió el trabajo. A partir de allí, dice, los distintos momentos de su vida fueron transcurriendo con los grandes acontecimientos políticos y sociales argentinos como telón de fondo. Atrás de lo que a él le va pasando está lo que iba ocurriendo en el país. “Me parece que a través de su historia hay una forma muy rica de revisar lo que sería la historia secreta o profunda de la Argentina durante los últimos 80 años”, dice.

– ¿Cómo se explica que el vínculo entre el Indio y su público haya atravesado generaciones y siga tan vigente?

– Creo que es algo de lo que sólo son capaces los artistas más grandes. Tienen la capacidad, por un lado, de ser absolutamente de su tiempo. Uno ve sus obras, sus películas, lee sus libros o escucha sus canciones y claramente tienen que ver con un tiempo histórico y un lugar geográfico preciso. Pero al mismo tiempo tienen esta capacidad de conectar con lo más profundo del fenómeno humano que los vuelve eternos. Pueden pasar las décadas, pueden cambiar las circunstancias y, sin embargo, lo que han hecho sigue siendo un material fundamental para nosotros para interpretar qué es lo que nos está pasando.

Figueras lo compara con lo que sucede con Shakespeare: los textos permanecen iguales pero cada época vuelve a encontrar en ellos nuevas interpretaciones: “Me parece que con las canciones de él pasa exactamente lo mismo. Son canciones que siempre suenan nuevas. Lo que hizo el Indio no suena viejo nunca y siempre ofrece pistas sobre lo que está pasando ahora, no sólo para interpretar lo que pasó”.

Muchas de esas canciones, además, terminaron escapando de cualquier interpretación única. Frases y versos escritos décadas atrás pasaron a formar parte de otros contextos políticos, sociales y hasta cotidianos.

– ¿Él era consciente de que algunas de sus letras habían dejado, de alguna manera, de pertenecerle y ya eran parte del lenguaje de la gente?

-Lo tenía clarísimo y lo reivindicaba. Sobre todo reivindicaba la libertad de la gente para interpretar como quisiera sus letras. Creía que eso era parte del contrato esencial con quien te escucha. Yo te tiro algo y vos lo hacés tuyo, lo interpretás de la manera en la que a vos te cierra. Defendía que la gente creyese que sus canciones hablaban de distintas cosas, aunque no fueran exactamente lo que él había tenido en mente cuando las escribió. Pero, al mismo tiempo, consideraba que había ideas que eran explícitas y que no daban lugar a demasiadas interpretaciones.

– Si tuvieras que elegir algo del Indio que no esté tan presente en el personaje público, ¿qué te gustaría que la gente recordara?

Yo valoraba muchísimo su sentido del humor. Era un gran comediante, entre tantas otras cosas. Uno puede escribir humorísticamente y ser un malhumorado en su vida cotidiana, pero no era el caso del Indio. Para mí, la perspectiva de verlo todas las semanas era tener garantizadas unas horas en las cuales sabía que me iba a hacer cagar de risa. Es una de las razones por las cuales siempre le voy a estar agradecido y que extraño particularmente.

La conversación también encuentra al Figueras escritor y periodista mirando el presente. Cuando se le pregunta por el momento que atraviesa la cultura argentina, su lectura es crítica.

– ¿Cómo ves la actualidad de la cultura argentina? -En un momento muy triste, muy delicado y muy en llamas. Me parece que la guerra que están librando los poderes establecidos contra los artistas en general no tiene nada de ingenuo. Tratar de boicotear o aniquilar los lazos del pueblo con sus artistas tiene un sentido político muy claro e inequívoco. Tratar de que la gente no pueda interpretar lo que está ocurriendo, lo que está pasando, y que no le quede otra que bajar la cabeza y seguir laburando para tratar de llegar al 15 del mes.

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