Crédito social en revisión

No alcanza con decir que el Gobierno de Javier Milei pierde apoyo, ni tampoco que lo mantiene. Ambas cosas, en cierto modo, son ciertas, pero ninguna alcanza para explicar lo que realmente está pasando.

Creer que una sociedad solo puede estar enamorada o harta de un gobierno, es una trampa grande como una casa. El humor social raramente funciona así, y menos en la Argentina de hoy. Lo que parece estar ocurriendo con el gobierno de Javier Milei no es una adhesión eufórica ni un rechazo definitivo, sino algo más complejo; una parte importante de la sociedad sigue otorgándole crédito, aunque cada vez con menos paciencia, menos ilusión y más preguntas.

Ese matiz ayuda a entender una escena que, leída superficialmente, parece contradictoria. Por un lado, el Gobierno nacional puede exhibir algunos datos objetivos que le permiten sostener su relato: el INDEC informó que la pobreza por ingresos bajó al 28,2% en el segundo semestre de 2025, desde el 31,6% del semestre previo y el 38,1% de un año antes; además, la actividad económica mostró mejora interanual. Pero, al mismo tiempo, el mismo sistema estadístico oficial muestra una desocupación del 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, mientras distintos indicadores privados registran deterioro en el consumo masivo y en las expectativas.

Y ahí aparece la primera clave: los indicadores mejoran, pero la experiencia cotidiana no acompaña al mismo ritmo. Esto no implica que los datos sean falsos, sino que los promedios empiezan a describir cada vez menos la vida concreta de las personas. Una familia puede dejar de ser pobre en términos estadísticos sin sentir que salió de la fragilidad. Ese desfasaje entre número y experiencia es el terreno donde hoy se juega la política.

Es por eso me parece insuficiente el análisis que se limita a decir “la gente está mal” y, desde ahí, concluir que el Gobierno debería estar mucho peor. La experiencia argentina muestra que el voto no premia solamente bienestar; muchas veces premia dirección, orden o expectativa de corrección y Milei sigue cosechando algo de eso. Una parte de la sociedad no necesariamente siente alivio, pero sí cree que el rumbo anterior era peor, y mientras esa convicción persista, el oficialismo conservará un piso político relevante.

Ahora bien, ese crédito no es infinito; los datos de marzo muestran un desgaste. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella cayó por tercer mes consecutivo y acumuló una contracción del 6,5% en lo que va de 2026. En paralelo, el Índice de Confianza del Consumidor también retrocedió en febrero y marzo. Y varias encuestas de opinión ubican hoy la aprobación presidencial en una franja bastante más estrecha que la que exhibía meses atrás.

Para decirlo de otra manera. La promesa de Milei sigue viva, pero ya no flota sola, ahora compite con la experiencia cotidiana. No se resume en la inflación mensual ni en el dato de pobreza por ingresos, esto se juega en el supermercado, en la factura de servicios, en el empleo, en la calidad del trabajo, en la sensación de agotamiento económico de los hogares. Lo que pareciera existir es una recuperación desigual, socialmente fragmentada y subjetivamente frágil. Incluso fuentes académicas y periodísticas coinciden en esa idea de desacople entre ciertos promedios macro y la percepción micro de los hogares.

Tal vez el rasgo más novedoso del momento sea este, el de una sociedad que no acompaña al Gobierno porque esté satisfecha, sino porque todavía le concede el beneficio de la duda. Un apoyo que dice: “no estoy bien, pero todavía no decidí que esto fracasó”. Esa es, probablemente, la reserva política más importante de Milei, y también su mayor vulnerabilidad.

Porque la pregunta ya no es si hay apoyo o rechazo, sino cuánto tiempo más se está dispuesto a sostener una esperanza que todavía no se convirtió en alivio. Cuando un gobierno depende del crédito social, su principal activo no es lo que logró, sino lo que aún promete. Y ese tipo de capital tiene una lógica particular: no se agota de golpe, pero tampoco se renueva por inercia.

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