Paisajismo: una obra que crece

Las plantas la acompañan desde la infancia. Hoy se dedica al proyecto, la ejecución y el asesoramiento en la evolución de jardines. Mercedes Manassero lleva más de dos décadas diseñando paisajes en Río Cuarto. En diálogo con Otro Punto repasó su recorrido, habló sobre la relación entre el paisajismo y la arquitectura y explicó por qué una obra con seres vivos siempre necesita tiempo para mostrar su mejor versión.

Dice un antiguo refrán que en casa de herrero, cuchillo de palo. La casa de Mercedes Manassero desmiente ese dicho desde el primer momento que uno ingresa. El jardín es lo primero que uno puede observar. Hay plantas que acompañan el recorrido, rincones cuidadosamente pensados y una armonía natural. Cuesta imaginar un mejor lugar para conversar sobre paisajismo que ese, donde cada espacio parece confirmar, sin necesidad de explicaciones, la pasión de quien lo diseñó. 

La diseñadora explica que a diferencia de otras obras, un jardín nunca está terminado y dice que la última planta no marca el final del proyecto, sino el comienzo de una espera. “Hay que dejar que los árboles crezcan, que las flores encuentren su lugar y que el paisaje empiece, lentamente, a parecerse a aquello que un día existió solamente en un plano”, comenta Mercedes y agrega: “En la jardinería tenés que ser paciente y esperar para ver tu obra”.

Mercedes Manassero convive con esa idea desde hace más de dos décadas. Su trabajo consiste en proyectar, ejecutar y acompañar la evolución de jardines. Pero, antes de pensar en árboles, flores o senderos, observa la arquitectura, escucha cómo vive cada familia e imagina de qué manera ese espacio será habitado con el paso del tiempo. Porque, para ella, el paisajismo no empieza cuando se coloca la primera planta. Empieza mucho antes.

Aunque hoy diseña jardines para viviendas particulares y también desarrolla proyectos de mayor escala, como los espacios públicos del barrio Loma Alta, su historia con las plantas comenzó mucho antes de convertirse en paisajista. De chica ya había algo en las casas que llamaba su atención: las que tenían flores.

Foto: Santiago Mellano

–¿Cómo nació tu interés por el paisajismo?

–Diría que de toda la vida. En realidad no sabía que existía la carrera de paisajismo. Siempre me gustaron las plantas, las flores. Viví toda mi infancia en La Carlota y, si vos me preguntaras qué casas me acuerdo de cuando era chica, eran las casas que tenían flores, plantas. Tenía un vecino que cultivaba flores y siempre le sacaba alguna. Siempre me llamó la atención.

Cuando terminó la secundaria comenzó a estudiar Agronomía en Río Cuarto. Sin embargo, sentía que ese camino no terminaba de convencerla. La respuesta apareció gracias a una sugerencia de su mamá, que encontró una carrera en la Universidad Nacional de Buenos Aires donde el diseño y la naturaleza convivían en un mismo lugar.

Estudió en la Facultad de Agronomía de la UBA y, una vez recibida, regresó a Río Cuarto. Los primeros diez años trabajó realizando mantenimiento de jardines. Esa experiencia le permitió conocer de cerca cómo evolucionan las plantas y entender que un jardín necesita mucho más que una buena idea para mantenerse en el tiempo. Más adelante decidió concentrarse exclusivamente en la etapa que más la apasionaba: el diseño.

–¿Cuándo encontraste el lugar donde realmente querías estar?

–Cuando llegué a Río Cuarto arranqué con mantenimiento de jardines hace 22 años. Lo hice durante diez años y después ya me enfoqué más en la parte de diseño, planeamiento y ejecución de jardines. Ahí es donde me hallo. Me gusta todo el proceso, desde el papel, el plano, el diseño y el proyecto hasta la ejecución. Ahí soy feliz.

Habla de cada jardín con un afecto que va mucho más allá del trabajo. Los sigue visitando, observa cómo evolucionan y vuelve.

–¿Seguís pendiente de los jardines que diseñaste?

–Sí. En algunos casos porque me llaman para asesoramiento, pero sino muchas veces paso igual. Siento que tengo hijitos por todos lados. Cada jardín es parte mía. Me gusta ver si está todo bien o decirles que cambien alguna cosa. Hay familias que todos los años quieren que vaya y les dé mi mirada.

Una vez que el proyecto está definido aparece otra etapa igual de importante: interpretar la casa. Mercedes explica que nunca diseña un jardín sin conocer antes la arquitectura. Necesita ver los planos, las fachadas y entender cómo será la vida cotidiana de quienes habitarán ese lugar. Recién después piensa en las especies, los recorridos o los espacios de encuentro.

Foto: Santiago Mellano

–¿Cómo se relacionan la arquitectura y el paisajismo?

–Es clave. Yo no puedo diseñar un jardín si no sé qué estilo tiene la casa, cuál es la fachada. Arrancamos por ahí. En general el dueño de casa me muestra el proyecto, los planos y las vistas de la casa. Después me cuentan qué esperan de ese jardín. Hay gente que quiere algo muy sobrio y otra que busca mucho más movimiento. Esa entrevista es súper importante. La arquitectura me marca el estilo del jardín.

Durante la charla queda claro que, para ella, un jardín no se diseña solamente con plantas. También se diseña pensando en quienes lo van a disfrutar. Hay familias que imaginan un espacio para reunirse, otras priorizan un sector para los chicos, una galería, un fogonero o un rincón de descanso. Cada proyecto comienza escuchando esas necesidades.

–¿Cuánto influye lo que busca el cliente?

–Yo me adapto a lo que la persona quiere lograr. Si necesita un lugar de sombra, un espacio para los chicos, un sector social o un rincón más privado, trabajo para resolver eso. Pero si me dicen “quiero esta combinación” y a mí no me parece, les explico por qué. Muchas veces vienen con una foto de Instagram o de Pinterest y les explico que eso puede ser hermoso en una imagen, pero no necesariamente funciona con esa casa o con ese estilo de vida.

En ese punto aparece otro concepto que atraviesa buena parte de la entrevista: el mantenimiento. Diseñar un jardín atractivo es importante, pero lograr que siga funcionando con el paso de los años también forma parte del proyecto.

“Mi idea siempre es que el mantenimiento sea lo más simple posible. Armo los jardines con una estructura para que con el tiempo se mantenga ese diseño. Hoy en general la gente no tiene tiempo para dedicarle todos los días al jardín. Entonces también hay que pensar en eso’, explica la diseñadora.

–¿Qué creés que aporta el paisajismo a una vivienda?

–Vida, la casa empieza a tener vida. Más allá de las personas que viven ahí, la naturaleza aporta eso y mejor clima, contención, ganas de salir afuera, de tomar aire. Muchas veces llego a una casa donde hicieron una gran inversión en la construcción y el jardín quedó para después. Cuando finalmente hacen el jardín, la casa cambia. El aporte visual y de sensaciones que da el jardín no te lo da otra cosa.

Para Mercedes, no hace falta un parque inmenso para lograr esa transformación. A veces alcanza con unos pocos metros cuadrados.

–¿Se puede lograr eso en espacios pequeños?

–Cien por ciento.  Siempre se puede hacer algo. Hay gente que piensa que, como el espacio es chico, no vale la pena. Y es al revés. Un lugar con un poco de verde cambia completamente el ambiente y hasta el ánimo de las personas.

Con el paso de los años también cambiaron las consultas que recibe. Si hace dos décadas el paisajismo era un aspecto secundario dentro de una obra, hoy cada vez más familias lo incorporan desde el comienzo del proyecto. Al mismo tiempo, las tendencias evolucionan y aparecen nuevas formas de pensar los espacios verdes.

Foto: Santiago Mellano

–¿Qué tendencias observás hoy en el paisajismo?

–Hay dos líneas muy marcadas. Una busca jardines más tropicales, muy verdes, con hojas grandes. Acá en Río Cuarto es más difícil porque nuestro clima no acompaña demasiado ese estilo. Y después está la línea más naturista, con gramíneas, flores más silvestres y un jardín que parece más espontáneo. También hay personas que prefieren un jardín más estructurado, verde durante todo el año y con mucha frondosidad. Hoy conviven esas dos tendencias.

Aunque reconoce que sigue las novedades del rubro, asegura que el proyecto siempre debe responder al lugar y a quienes lo habitan, más que a una moda pasajera.

–¿Vos también vas cambiando con esas tendencias?

–Sí, siempre. Hay años en los que me identifico más con un estilo y después voy cambiando. Eso es lo lindo de esta profesión. Con el tiempo también ves cómo fueron cambiando tus propias miradas.

En cada proyecto también intenta transmitir una idea que considera fundamental: aprender a convivir con los tiempos de la naturaleza. Por eso insiste en el uso responsable del agua y en evitar soluciones que hagan depender a las plantas de un riego constante.

–¿La sustentabilidad también forma parte de tus proyectos?

–Sí, si bien yo no me dedico a eso, siempre trato de que no haya desperdicio de agua. Les digo a los clientes que no rieguen de más. Cuando una planta recibe agua todo el tiempo genera pocas raíces. En cambio, cuando tiene que buscarla, desarrolla raíces más profundas y se hace más fuerte. Hay una cuestión ecológica, pero también una cuestión fisiológica de la planta.

Ese mismo criterio aparece cuando habla de las plantas nativas. Explica que las valora y las incorpora cuando el proyecto lo permite, aunque aclara que en muchos jardines particulares las necesidades de los clientes y las características de algunas especies hacen que no siempre sean la opción más adecuada.

Después de más de veinte años de profesión, Mercedes está convencida de que el paisajismo seguirá ocupando un lugar cada vez más importante dentro de la arquitectura. Recuerda que cuando comenzó eran muy pocas las personas que buscaban un proyecto integral para su jardín. Hoy, asegura, la realidad es distinta.

Foto: Santiago Mellano

–¿Cómo imaginás el futuro del paisajismo?

–Creo que cada vez hay más interés. Muchas familias priorizan el jardín incluso antes de terminar otros sectores de la casa. Antes eso no pasaba. Hoy entienden que no es solamente poner plantas, sino pensar un espacio que tenga lógica, buena circulación, un buen uso y una linda estética. Yo creo que esto va en auge, cien por ciento. La conversación termina como empezó: hablando de jardines. Para ella un jardín nunca es una obra terminada. Es un proceso que cambia con las estaciones, crece con el paso de los años y acompaña la vida de quienes lo habitan. Tal vez por eso sigue visitando jardines que diseñó hace décadas. No vuelve para comprobar si el trabajo está terminado. Vuelve porque sabe que la naturaleza siempre tiene algo nuevo para mostrar. Y tal vez, si en algún momento volvemos a su casa también podamos ver eso que ella misma observa: que los mejores proyectos son aquellos que nunca dejan de crecer.

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