Cuca Luján, el oficio de hacer reír

Desde los primeros malabares con pelotas de tenis en el colegio hasta los escenarios, las redes y los festivales, Marcos “Cuca” Luján lleva tres décadas dedicado al circo y al humor. Multifacético e inquieto, combina la actuación con la docencia, la escritura y la producción cultural. Otro Punto dialogó con él sobre sus proyectos y su recorrido.

Marcos “Cuca” Luján nunca se queda quieto, siempre está haciendo más de una cosa. Mientras prepara nuevos espectáculos, organiza festivales, da talleres y escribe sobre humor, también piensa contenidos para las redes sociales y continúa ligado al circo, el lugar donde comenzó su recorrido hace casi treinta años.

Es humorista, artista circense, productor, docente, escritor y creador de contenido. Su casa representa ese recorrido multifacético. En las paredes hay cuadros de Los Tres Chiflados, elementos vinculados al circo y libros, muchos sobre humor. Cada detalle hace referencia a alguna de las actividades que forman parte de su vida. Sus facetas se mezclan e incluso se complementan: una anécdota de su vida puede terminar convertida en una rutina, una conversación puede disparar un video y una idea que aparece a la madrugada puede transformarse en un nuevo proyecto.

Foto: Santiago Mellano

“Estoy todo el día pensando”, dice durante la charla. Y si, se lo ve pensativo, incluso mientras responde pareciera que ya piensa en otra cosa.

Siempre está observando, tomando notas y prestando atención a las situaciones cotidianas. Incluso cuando se junta con sus amigos. La charla comienza distendida y con muchas risas. Durante la nota pasa del stand up a los algoritmos, de la política a la producción cultural y de los festivales a los libros que todavía quiere escribir. Los temas cambian, pero todos parecen unidos por una misma inquietud: entender cómo funciona el humor y descubrir nuevas maneras de compartirlo.

-¿Cómo nace tu vínculo con el humor y el circo?

-Primero nace por el circo y después por el humor. Tenía un compañero en el colegio, Matías Barros, que hacía malabares con pelotas de tenis. Yo aprendí a hacer eso, pero nunca me di cuenta para qué podía servirme. Hasta que, en 1995, se hizo un taller de malabares acá en Río Cuarto, en la Universidad. Fue mi hermano y después cayó a casa haciendo malabares. Entonces le dije: “Yo sé hacer eso”, agarré las pelotas y me puse a hacer malabares. Parecía que era bueno, al lado de otras tres personas que tampoco teníamos mucha idea de lo que estábamos haciendo en ese momento. Me gustó mucho. Un día ellos tenían que actuar en un boliche y faltaba uno de los integrantes. Yo estaba terminando el secundario y mi hermano me llamó y me dijo: “Che, ¿querés venir vos?”. Y así fui. Estuvo bueno, me empezó a gustar y así llegué al circo.

Sobre cómo conoció el stand up Cuca comenta: “Llegué por trabajar en la calle. Ahí podés mostrar tus habilidades, pero la gente también se quiere reír. Yo contaba chistes que íbamos aprendiendo en el circo. Me daba cuenta de que decías siempre “uno, dos, tres” y la gente se reía, o que decías ciertas cosas en determinados tiempos y también se reía” y agrega: “Entonces pensé que había algo en la palabra. Me gustaba entender cómo funcionaba y cómo trabajarla y empecé a investigar”.

Cuca descubrió que el circo no consistía solamente en dominar técnicas o aprender nuevas destrezas. “Entre número y número también había que conectar con el público. La gente no solo quería sorprenderse, también quería reírse”, dice. Así fue cómo nació una curiosidad que todavía lo acompaña: entender por qué algunas palabras provocan una carcajada y otras pasan inadvertidas.

Desde entonces empezó a estudiar el humor casi con la misma disciplina con la que entrenaba los malabares. Miró durante horas a grandes comediantes, siguió el trabajo de Luis Piedrahita y hasta se animó a escribirle un correo electrónico. Para su sorpresa, el humorista español le respondió y le dio los primeros consejos para comenzar a formarse en stand up. Ese intercambio fue clave para abrir una nueva etapa en su carrera.

-¿Cómo fue ese paso al stand up?

– En este tiempo en Río Cuarto no había. Yo viajaba todas las semanas a Buenos Aires. Me tomaba el colectivo a la noche, hacía el curso y me volvía. Estudié con Alejandro Angelini y después con Diego Wainstein. Era la época en la que el stand up estaba empezando a crecer en Argentina. Y cuando volvía acá me preguntaba qué hacer con todo lo aprendido.

“Empecé a dar talleres porque no tenía con quién hacer stand up. Pensé que, si formábamos más gente, íbamos a poder generar un movimiento acá.”, explica Cuca.

Así comenzaron los primeros cursos y, con ellos, una comunidad de humoristas que fue creciendo con los años. El humorista comenta que disfruta generar oportunidades para que otros puedan, al igual que él, subirse al escenario.

Y esa necesidad de estudiar el humor nunca se termina, ¿no?

-No. Sigo estudiando todo el tiempo. Compro libros, miro entrevistas, veo espectáculos, trato de entender cómo escriben otros humoristas y por qué funcionan determinadas cosas.

Esa búsqueda permanente terminó tomando forma durante la pandemia. Junto a Marcelo comenzó Hablando de Humor, un ciclo de entrevistas con referentes de la comedia de distintos países. La intención era sencilla: hacer las preguntas que a él mismo le hubiera gustado que alguien respondiera cuando empezaba. “Había poca bibliografía actual sobre humor. Entonces dijimos: si no existe, vamos a generarla nosotros.”, comenta.

Las conversaciones trascendieron y se convirtieron en libros. Ya hay dos publicados y un tercero que está en camino. Escribir, entrevistar y seguir investigando forman parte de la misma pasión que nació hace casi treinta años, cuando descubrió que detrás de una risa también había un mecanismo que podía estudiarse.

Pero el escenario dejó de ser el único lugar donde poner a prueba una idea. Con el tiempo, el humorista empezó a explorar otro espacio completamente distinto: las redes sociales. Al principio fue casi por curiosidad. Después entendió que el algoritmo también tiene sus tiempos, sus códigos y sus propias reglas.

Las redes sociales también se convirtieron en otro espacio para poner a prueba su manera de hacer humor. Encontró en ese espacio lenguaje diferente, más breve, inmediato y atravesado por la actualidad.

-¿Hacés el mismo humor en las redes que en tus shows?

-No. En las redes hago política y actualidad. Trato de encontrar una frase que simplifique todo lo que está pasando y después hacer una edición corta y simple, nada muy procesado. En las redes tenés pocos segundos para captar la atención. Hay que aprender otro lenguaje.

Cuca cuenta que durante mucho tiempo su cantidad de seguidores se mantuvo casi sin cambios. Eso empezó a modificarse cuando decidió hablar de política y acompañar con sus videos el proceso electoral de 2023. Desde entonces comenzó a probar formatos, analizar qué funcionaba y trabajar cada vez más en su perfil.

Al principio utilizaba imágenes de otras personas y agregaba sus propios comentarios. Después supo que también tenía que mostrarse. “La gente tiene que tener la imagen de quién es el que está hablando”, explica. Por eso, con el tiempo, empezó a aparecer cada vez más en cámara.

El crecimiento también trajo críticas. Al comienzo, algún comentario negativo lo afectaba. Después entendió que forman parte del funcionamiento de las redes. “No pasa nada que me bardeen”, afirma y se ríe.

En sus espectáculos, en cambio, trata de no quedar completamente atrapado en la discusión política porque también entiende que son públicos diferentes.

“La política divide mucho. En el escenario me gusta contar lo que me pasa en el circo, cosas de mi vida privada o situaciones con mi pareja. En general hago humor blanco. No me meto en el humor verde ni en el negro. Puedo tirar alguna cosa política, pero trato de salir rápido de ahí”, comenta.

Mientras produce contenido digital, también continúa organizando espectáculos y festivales. Entre ellos aparece Yo Me Río Cuarto, un proyecto que ya forma parte de la agenda cultural de la ciudad y que reúne a humoristas de distintos puntos del país.

En ese terreno, Cuca no solo se sube al escenario. También planifica, coordina y trabaja para que cada propuesta pueda concretarse. La producción es otra de las facetas de su recorrido, una tarea que, según cuenta, aprendió a estudiar y a organizar con tiempo para sostener varios proyectos al mismo tiempo. “Me gusta un montón”, dice sobre ese rol y agrega: “Me dedico a estudiar lo que es la producción y a aprenderla. Es súper lindo. Además, eso me permite llevar adelante distintos proyectos. Por ejemplo, en las vacaciones de invierno tuvimos tres funcionando al mismo tiempo: El Aplauso acá, El Aplauso en Río Tercero y la carpa en Santa Rosa. Si eso no lo trabajás con tiempo, se te viene todo encima. Hay que sentarse con la computadora, organizarlo y laburarlo. Soy muy organizado con cada cosa”.

Foto: Santiago Mellano

-¿Qué opinión tenés sobre la escena cultural en Río Cuarto?

Me parece que está buenísimo, pasan un montón de cosas. Yo no puedo asistir a muchas porque viajo mucho, pero está re bueno que sucedan. Río Cuarto tiene muchísimos artistas muy buenos. El problema es que muchas veces faltan espacios o cuesta sostenerlos. Hay que seguir apostando a la cultura y entender que detrás de cada espectáculo hay un montón de trabajo.

-¿De qué se ríe Cuca Luján cuando se baja del escenario?

Me hacen reír mis amigos, mi familia, mi pareja, mi hija… La vida cotidiana. Todo el tiempo pasan cosas.

Cuenta que muchas de esas situaciones terminan formando parte de sus espectáculos. Una charla familiar, un comentario en una reunión o una ocurrencia de alguno de sus amigos puede convertirse, tiempo después, en una rutina. De hecho, entre risas admite que muchas veces ellos ni siquiera se enteran. “Ni me van a ver”, bromea cuando le preguntamos si alguna vez le reclaman por usar esas historias arriba del escenario. También reconoce que suele parecer más serio de lo que realmente es. “Tengo cara de oj…”, dice entre risas. Pero enseguida aclara que esa cara no representa que sea mala onda sino que muchas veces está callado porque está pensando. Observando. Prestando atención a una conversación o tratando de encontrar esa palabra justa.  Y quizás esa sea la mejor manera de resumir quién es Marcos “Cuca” Luján. El hombre que nunca dejó de hacer malabares pero que también sostiene escenarios, festivales, libros, talleres, videos y una pregunta que todavía no termina de responder: ¿Por qué nos reímos?

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