María Marta Azar: Decir cantando

Tras presentarse en La Fábrica en Vivo, el histórico espacio de Palermo ligado a Charly García, la cantante e intérprete María Marta Azar repasó en Otro Punto su relación con la música y sus casi veinte años de trayectoria artística. Este viernes 14 de agosto volverá al escenario junto a Walter Gentile y Ricardo Sánchez con “Arráncame la vida”, un homenaje a Chico Novarro en La Fábrica Abriles.

Foto de portada: Santiago Mellano

La casa de María Marta Azar es sin dudas un lugar que tiene muchas cosas para contar. Entre fotos y objetos, la cantante saca una guitarra. Pero no es cualquier guitarra, esta tiene algo muy especial: lleva la firma de Atahualpa, con la fecha 1952. “Es un legado de un amigo de la familia, cuyo padre era muy amigo de él”, comenta entusiasmada la cantante a Otro Punto.

La música está presente en buena parte de esas historias y también atraviesa su propia vida. Desde los boleros que escuchaba de chica y sus primeras experiencias frente al público hasta los escenarios que fue recorriendo con los años. Pero para Marta también fue una forma de expresarse. “Me soltó un montón y fue muy sanador porque atravesé muchas tormentas. Creo que pude decir un montón de cosas que a lo mejor no decía con palabras, pero las decía cantando”, cuenta.

Uno de los escenarios más recientes la llevó a Buenos Aires. El 10 de julio se presentó en La Fábrica en Vivo, en Palermo, el espacio donde durante años funcionó la histórica sala de ensayo de Charly García. Según cuenta la cantante, el músico todavía suele acercarse al lugar como espectador, acompañado por amigos. Actualmente el espacio mantiene una intensa actividad, con presentaciones y recambio de público a lo largo de la noche

Foto: Santiago Mellano

.-¿Qué significó para vos presentarte en un lugar con tanta historia?

-Fue una experiencia muy linda. Primero, por estar en Buenos Aires, porque uno por ahí siempre se queda en la vaca chiquita. Yo ya había cantado allá una vez, en el Palacio San Martín, en un encuentro organizado por el Ministerio, Cancillería y la Embajada de Estados Unidos, pero era algo privado. Esto fue distinto, era un lugar donde no me conocían y además tenía toda esa historia ligada a una música que yo viví de cerca por mi generación.

El desafío no terminó ahí. Azar viajó sin sus músicos habituales y tuvo que compartir escenario con el pianista Maxi Díaz, al que hasta ese momento no conocía. La conexión surgió a través del hijo de la cantante, Nano Lodeiro, quien es productor musical y vive en Buenos Aires. Él también la acompañó con la guitarra en algunos temas. “Con Nano comenzamos acá en Río Cuarto. Él empezó cuando era chiquito tocando la batería, después a tocar por su cuenta la guitarra y yo tenía un trío en el que él era el guitarrista, teníamos un pianista y yo hacía las voces. Se llamaba Generación 3”, recuerda la intérprete.

–¿Cómo hicieron con los ensayos?

-Llegué el día anterior al show a Buenos Aires y esa misma tarde nos juntamos con Maxi y Nano para repasar los temas y ordenar el repertorio. Fue el único ensayo. Al otro día salimos al ruedo, pero ese ensayo me dio mucha seguridad porque todo fluyó bien.

El repertorio fue otro de los desafíos. Marta no quería limitar la presentación a un único género. “Yo les decía a mis chicos: no sé qué armar, porque puedo hacer jazz, boleros, melódico, rock nacional. Mi hijo más grande me dijo: mami, armá un poco de todo lo que hacés vos”, cuenta la artista. Así surgió una propuesta variada que recorrió diferentes artistas y estilos. “Hice un popurrí de todo un poco. Fabiana Cantilo, Charly García, Diego Torres. También algunas canciones que nunca había hecho y que se me ocurrió incluir en este repertorio”, explica y agrega: “subí al escenario tranquila y lo disfruté. Eso es lo importante, porque a veces los nervios no te dejan disfrutar las cosas. La verdad es que salió todo bien”.

La respuesta del público también la sorprendió. Según cuenta la cantante, había mucha gente y quienes estaban a cargo de los shows la invitaron a regresar cuando quisiera: “Me quedé muy tranquila de que a los del lugar, a los técnicos de sonido, a todos les había gustado cómo había salido”.

La experiencia podría abrir una puerta para volver a cantar en Buenos Aires, aunque Marta no se plantea cambiar la manera en que llevó adelante su carrera hasta ahora. Desde hace más de 40 años trabaja en Tribunales y durante todo ese tiempo combinó su vida laboral con la familia, el arte y los escenarios.

“Yo tengo otra vida que no es la música. Nunca me interesó dedicarme de lleno a esto. Lo hice más por gusto. Quizás si lo hubiera hecho desde muy joven habría sido otra cosa, pero mi vida tomó otro rumbo”, explica.

Marta siempre mantuvo la música por fuera de su trabajo principal y tampoco siente que haya dejado algo pendiente. “No reniego de nada. No me disgusta la vida que tengo ni la que he tenido. Tampoco sé qué hubiera sido si me hubiese dedicado solamente a cantar”, dice.

Esa forma de vivir la música también le permitió conservar cierta libertad. “Yo lo hago por gusto, por eso cuando no quiero no lo hago. El año pasado, por ejemplo, decidí no cantar y no hice nada en todo el año. Si tuviese que vivir de esto, seguramente estaría buscando fechas, dando reportajes y haciendo un montón de cosas. Quizás hubiera ido por otro rumbo”, comenta Azar.

.-¿Qué significa la música para vos?

-A mí me sirvió y sirve como un medio. Un medio para disfrutar de muchas cosas y para socializar. Yo era muy tímida, salvo con mis amigos o conocidos. Siempre me gustaba cantar, pero no me animaba.

Los primeros escenarios fueron también una forma de enfrentarse a esa timidez. “Cuando empecé me temblaba el micrófono en la mano. No podía articular palabras. Yo quería cantar y bajarme, irme. No quería decir nada porque no sabía qué decir. Enfrentar a un público era tremendo”, comenta.

Foto: Santiago Mellano

Con el tiempo, cantar terminó ayudándola mucho más allá del escenario. “Me soltó un montón. Y fue muy sanador porque también atravesé muchas tormentas. Creo que pude decir un montón de cosas que a lo mejor no decía con palabras, pero las decía cantando”, sostiene Azar.

Antes de animarse a dar un show completo, Marta cantaba en reuniones, cumpleaños y algún karaoke, muchas veces acompañándose con la guitarra o utilizando pistas. Quería cantar, pero exponerse frente al público todavía era otra historia.

-¿Te acordás de la primera vez que subiste a un escenario?

-Sí, me acuerdo, obvio. Yo siempre cantaba, tocaba la guitarra. Después, cuando aparecieron estas pistas de karaoke, también cantaba. A veces en mis cumpleaños, cosas íntimas. Por ahí había algún karaoke y me animaba después de padecer unos nervios tremendos. Cuando me llamaban para cantar me moría de los nervios, pero a la vez quería hacerlo. Era un desafío. Después apareció Fabio Luna, que tocaba para Miguel Ángel Velázquez. Iban a hacer un show y necesitaban a alguien que hiciera coros en algunos temas y también cantara un par de canciones. Fui con otras dos chicas y cantamos dos temas cada una. Cuando terminó el show, el dueño del lugar me preguntó cuándo iba a ir a cantar sola y yo le dije que ni loca, porque me moría de los nervios. Entonces Fabio me dijo: “¿Hasta cuándo te vas a hacer pistas para cantar adentro del placard? Poneme una fecha. Yo te acompaño con el piano y con las pistas”. Y así fue como terminé poniendo una fecha para cantar sola.

-¿Cómo fue aquella primera fecha?

-Fue en marzo, creo que de 2006. Yo estaba re nerviosa porque tenía que hablar, dirigirme al público, y eso para mí era tremendo. Yo quería decir buenas noches, cantar, agradecer y nada más. Pero lo hice y ahí arranqué. Después empezó la seguidilla de cantar muchísimo en ese boliche y también en otros lugares.

Con el tiempo, Marta empezó a tener un público fiel que la seguía a todos sus shows. “Llegué a tener un club de fans. Empezaron a ir personas que yo no conocía, después se fueron sumando otras y aparecieron las remeras y las banderas. Yo estaba cantando no entendía lo que estaba pasando. Después me hice amiga de todos”, cuenta entusiasmada la artista.

Mientras los escenarios iban apareciendo, la cantante comenzó a entender qué tipo de música quería interpretar y qué buscaba generar en quienes la escuchaban.

-¿Cómo elegís el repertorio?

-En realidad canto mucho en portugués y también canto en inglés, pero generalmente trato de cantar en español porque es cuando la gente más se conecta. Me gusta la música “tranquila”. Pero si cantás algo tranquilo en otro idioma y la gente no lo conoce, menos se conecta. Durante mucho tiempo hacía solamente lo que a mí me gustaba. Después me di cuenta de que tenía que encontrar algo que me gustara a mí, pero que también le gustara al público.

-¿Y qué es lo que más te gusta?

-Me gusta mucho el bolero, el tango y la música brasilera. Por ejemplo, canto bastante de Ivete Sangalo. Pero también voy adaptando el repertorio según el lugar: en un teatro podés hacer algo más específico, porque la gente ya sabe qué va a escuchar; en un bar, en cambio, tenés que hacer un poco de todo. En su repertorio aparecen autores e intérpretes muy diversos.

-¿Quiénes son tus referentes musicales?

-Me gusta mucho Diego El Cigala, Alejandro Sanz, Rosario Flores. De Brasil, Ivete Sangalo. Diego Torres, Manuel Wirzt, Sandra Mihanovich, Eladia Blázquez. También hay un cantante español que me encanta, que se llama Zenet.

La lista continúa creciendo a medida que recuerda nombres. “Manzanero, Chico Novarro, Luis Miguel… Me gustan muchas cosas”, agrega.

Algunos de esos artistas fueron también compartidos con sus hijos. Nano, quien hoy trabaja profesionalmente dentro de la música, creció escuchando buena parte del repertorio que sonaba en su casa. “Él conoce un montón de música por mí que no es de su época. También conoce todos los temas de Lebón, por ejemplo. Hemos ido juntos a verlo hace años porque a mí me encanta”. Pero esa transmisión musical había comenzado una generación antes. La infancia de Marta estuvo atravesada por distintas expresiones artísticas.

-¿En tu casa había una vinculación con la música o con el arte?

-Sí, con el arte sí. Mi abuela era pintora y retratista, había sido alumna de Líbero Pierini, y mi tío también pintaba. En la casa de mi abuela siempre había música, ella pintaba escuchando sus discos. Y en mi casa, a la que más le gustaba la música era a mi mamá. Todos los boleros que conozco desde chica vienen de ahí. Yo después estudié Bellas Artes, pinto y hago esculturas, pero nunca me dediqué al cien por ciento ni a eso ni a la música.

-¿De chica ya querías cantar?

-Sí, siempre me gustó. Me encantaba participar en los actos de la escuela y cantaba también. Me acuerdo de una redacción del primario en la que preguntaban qué queríamos ser y yo puse cantante; hasta había hecho un dibujo mío con un micrófono. Pero después nunca le di curso a eso. Empecé a trabajar a los 19 años y mi vida tomó otro rumbo.

Marta puede cantar, pintar, trabajar, pasar un fin de semana en las sierras o decidir no aceptar una fecha. “No quiero asumir el compromiso de tener que cantar todos los fines de semana, porque lo quiero disfrutar”, explica. Y tal vez ahí esté una de las claves de su recorrido. Esa nena que se dibujaba con un micrófono terminó subiéndose a distintos escenarios, cantando frente a públicos diferentes y compartiendo la música con sus propios hijos, pero siempre manteniendo la libertad de elegir cuándo hacerlo. Casi veinte años después de aquella primera fecha en la que apenas se animaba a decir “buenas noches” antes de cantar, Marta sigue encontrando en la música el mismo lugar: uno que elige disfrutar.

Viernes, en agenda Este 14 de agosto, Marta Azar volverá a presentarse junto a Walter Gentile y Ricardo Sánchez con “Arráncame la vida”, un show sobre la obra de Chico Novarro, en La Fábrica Abriles. Azar y Gentile estarán a cargo de las canciones, algunas juntos y otras por separado, mientras que Sánchez irá acompañando el recorrido con relatos y anécdotas sobre la vida del compositor y el origen de algunos de sus temas.

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2 comentarios en “María Marta Azar: Decir cantando”

  1. Miriam Edith Marengo

    Gran cantante Marta Azar, una soñadora que posee el don de interpretar canciones que transmite como en cuentos y les da el sentido por las que fueron creadas, llegando al corazón de quienes tuvimos la oportunidad de escucharla cantar… muy buena nota!

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