Milei y otro desplante al Mercosur

El nuevo desaire en Asunción perjudica, de manera directa, el prestigio internacional y el porvenir económico de todos los argentinos.

La política exterior de una nación no debería ser el reflejo de los gustos personales de su presidente, sino la ejecución de una estrategia orientada al bienestar de sus ciudadanos y al fortalecimiento de sus lazos internacionales. Sin embargo, la reciente determinación de Javier Milei de cancelar a último momento su participación en la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur en Paraguay demuestra todo lo contrario.

Con la excusa oficial de atender cuestiones de gestión local tras la aparatosa salida de Manuel Adorni del gabinete, el mandatario argentino optó por vaciar de peso político la representación del país en una de las citas regionales más importantes de los últimos años.

Lo verdaderamente grave no es sólo la ausencia en sí, sino el contraste explícito de la agenda presidencial. Horas antes de anunciar que plantarían al bloque regional, las puertas de la Quinta de Olivos se abrieron para recibir con honores a Flavio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente brasileño, con quien Milei no dudó en fotografiarse y lanzar proclamas electorales para el país vecino. Esta postal no es un hecho aislado; es la confirmación de un patrón de conducta donde la militancia en la ultraderecha global se antepone a los intereses reales de la República Argentina.

El Mercosur se encuentra en una etapa política y comercial crítica. Con la implementación provisional del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea en marcha, y negociaciones abiertas con potencias de la talla de Japón e India, la presencia de la Argentina era fundamental para defender las cuotas de exportación de nuestros productores. Al enviar una comitiva de menor rango liderada por el canciller Pablo Quirno, la Casa Rosada no sólo le resta musculatura a la posición argentina, sino que ofende directamente al gobierno anfitrión de Paraguay y al resto de las democracias vecinas que sí entienden el valor de la institucionalidad.             

El costo del aislamiento y los peligros de la injerencia

El “faltazo” presidencial esconde también una evidente incomodidad política: evitar a toda costa cruzarse y compartir una mesa de diálogo con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Mantener una relación madura y pragmática con el principal socio comercial de la Argentina es una obligación constitucional, no una opción. Sin embargo, Milei prefiere huir de los debates multilaterales serios para refugiarse en foros ideológicos cerrados, como la Israel Allies Foundation, donde volvió a exhibirse públicamente con el bolsonarismo horas después del desplante.

Publicar en redes oficiales que “se viene la marea azul para Brasil” de la mano de un candidato opositor constituye una flagrante injerencia en los asuntos internos de otra nación. Este tipo de provocaciones innecesarias rompe de forma irresponsable con la tradición de no intervención de la diplomacia argentina y arriesga el futuro de miles de empresas y trabajadores argentinos cuyos empleos dependen directamente del comercio bilateral con el gigante sudamericano.

La política exterior de la administración libertaria se está convirtiendo en un peligroso juego de sectas. Mientras el mundo se debate en complejas transiciones geopolíticas, la Argentina se achica, se encierra en peleas tuiteras y desprecia los espacios naturales de integración que le costó décadas consolidar. Gobernar implica aceptar la realidad del mapa mundial tal cual es, no como dictan los dogmas partidarios. Este nuevo desaire en Asunción no perjudica a los mandatarios de la región; perjudica, de manera directa, el prestigio internacional y el porvenir económico de todos los argentinos.

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