Cada vez más personas adoptan la dieta cetogénica para bajar de peso y mejorar su salud, pero especialistas advierten que sus beneficios dependen de una correcta implementación y del acompañamiento profesional.
La dieta cetogénica, conocida como keto, se volvió una de las tendencias alimentarias más populares de los últimos años. Su promesa de descenso de peso rápido, mayor energía y reducción de la inflamación impulsó su crecimiento, especialmente a través de redes sociales y testimonios personales. Sin embargo, profesionales de la salud advierten que, aunque puede ser una herramienta útil, su aplicación sin supervisión también implica riesgos.

La licenciada en nutrición Micaela Ciuffolini explica que la alimentación cetogénica consiste en reducir al mínimo los carbohidratos —menos de 20 gramos diarios— y priorizar las grasas como principal fuente de energía, que representan alrededor del 70% de la ingesta calórica. De esta manera, el organismo entra en cetosis y comienza a utilizar grasa como combustible.
Según la especialista, esta estrategia puede ser útil para bajar de peso y mejorar la salud metabólica, especialmente en personas con diabetes tipo 2, resistencia a la insulina, hipertensión o inflamación crónica. Sin embargo, aclara que los resultados rápidos muchas veces se deben, en una primera etapa, a la pérdida de líquidos, y que la reducción de grasa ocurre cuando el plan está bien estructurado y sostenido.

El problema aparece cuando la dieta se realiza sin guía profesional. Déficits nutricionales, pérdida de masa muscular, fatiga, deshidratación o consumo excesivo de grasas de mala calidad son algunos de los riesgos más frecuentes. Además, no está recomendada en embarazo, lactancia, bajo peso o en personas con patologías renales o hepáticas avanzadas sin control médico. Aunque puede sostenerse como estilo de vida, Ciuffolini señala que no es una estrategia sencilla y que muchas personas abandonan por las restricciones sociales o por errores comunes, como eliminar carbohidratos sin comprender el proceso. “No es una dieta mágica ni solo una moda. Bien aplicada puede mejorar la salud, pero requiere planificación y seguimiento profesional”, concluye.

