Reiki, una pausa frente al estrés

La terapeuta holística Micaela Fanssini explica por qué cada vez más personas buscan esta práctica como un espacio de alivio, equilibrio y conexión personal.

En tiempos de ansiedad, agotamiento mental y sobrecarga emocional, cada vez más personas buscan espacios que les permitan bajar el ritmo y reconectar consigo mismas. Pensando en esto, el reiki aparece como una práctica cada vez más elegida por quienes necesitan una pausa, alivio o simplemente volver a encontrar algo de calma en medio del ir y venir cotidiano.

Para Micaela Fanssini, terapeuta holística, una de las claves para entender este fenómeno está en la desconexión que muchas veces genera la vida diaria. “Todas estas cuestiones de ansiedad, de cansancio, de sobrecarga emocional, hacen que vivamos lejos de nosotros mismos”, explica. Y agrega: “El reiki conecta con eso, con nuestra propia esencia”.

El reiki es una terapia complementaria de origen japonés que se basa en la canalización de energía vital universal. Según quienes lo practican, se trata de una herramienta orientada al equilibrio físico, emocional y energético. Fanssini lo define como “una energía universal a la cual nosotros accedemos, pero que pertenece a cada una de las personas”. Sostiene que muchas personas lo viven como “volver al origen” o como una forma de reencontrarse con algo propio que la vida diaria suele tapar. Una sesión se desarrolla en un ambiente calmo y relajado, mientras la persona permanece cómoda, generalmente acostada, y el terapeuta trabaja a través de la imposición de manos.

Según cuenta Fanssini, la mayoría de las personas que llegan por primera vez buscan algo muy concreto: frenar. “En general lo que buscan es frenar la dinámica del día, relajarse, tratar dolores físicos”, señala. En otros casos, llegan atravesando situaciones emocionales particulares o recomendadas por alguien que ya tuvo una experiencia previa. También son frecuentes las consultas vinculadas a la angustia, el estrés o procesos emocionales profundos. “En general, se acercan personas transitando angustia o procesos emocionales profundos”, resume. A la vez, hay quienes incorporan el reiki como una práctica de bienestar habitual, no necesariamente por una crisis puntual, sino como un recurso de descanso, armonización y restablecimiento energético.

Más allá de lo espiritual o energético, uno de los aspectos que más destacan quienes practican reiki tiene que ver con la experiencia concreta que deja en el cuerpo y en la mente. “Se experimenta desde lo físico una relajación”, dice Fanssini. Y aunque aclara que durante la sesión “los pensamientos continúan”, muchas personas notan cambios después, incluso varias horas más tarde. “Hay personas que terminan la sesión y me dicen que en el momento siguieron pensando, pero a la noche o al otro día notaron que durmieron diferente, que descansaron de otra manera”, cuenta. Esa sensación de alivio posterior, según explica, es una de las razones por las que muchas personas vuelven. “La gente busca eso porque experimenta esa sensación de alivio, de liviandad”, afirma.

Para la terapeuta, una de las razones profundas por las que esta práctica cada día adquiere mayor valor, tiene que ver con la necesidad de reconexión personal en un contexto cada vez más exigente.

“Vivimos en un mundo tan demandante que nos desconecta de nosotros mismos”, plantea. Frente a eso, entiende que el reiki puede funcionar como una herramienta para “volver a encontrarse con esta energía” y con una parte más íntima y esencial de cada persona. “Nos reconecta con esta energía limpia, pura, que nos pertenece y que nos hace volver a nosotros mismos”, expresa.

Una de las aclaraciones que Fanssini considera más importantes tiene que ver con evitar falsas expectativas. Lejos de presentar al reiki como una solución absoluta, insiste en ubicarlo en el lugar que corresponde, que es el de una práctica complementaria. “Desde el concepto de curar, que nosotros estamos acostumbrados de la medicina tradicional, no debe verse”, afirma. “El reiki alivia, acompaña, equilibra”. Remarca que no debe pensarse como reemplazo de la medicina tradicional ni de los tratamientos indicados por profesionales de la salud. Su valor, dice, está en acompañar procesos de bienestar, estrés, angustia o desborde emocional, siempre como una herramienta de apoyo.

Otro aspecto que destaca es que, dentro de esta práctica, el reiki también se entiende como una herramienta que puede acompañar distintos momentos de la vida cotidiana. “Es una energía disponible en todo momento de nuestra vida y para todos”, sostiene. Incluso menciona que puede ser utilizada en situaciones de malestar emocional, momentos de angustia o también en niños, algo que muchas veces genera dudas. “Uno cree por ahí que esta terapia no se les puede aplicar a los niños, y en realidad sí se puede”, explica. En una época atravesada por el cansancio, la ansiedad y la exigencia constante, el reiki parece ocupar para muchas personas un lugar más ligado al alivio que a las certezas absolutas. Tal vez por eso crece: no tanto como promesa, sino como pausa. Como una forma de bajar el ruido, volver al cuerpo y recuperar, aunque sea por un rato, una sensación de calma.

Micaela Fanssini (Terapeuta holística)

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