Con 25 años de trayectoria, Marcos Luna desarrolló su profesión entre el deporte y el consultorio. Integra Corpore, un espacio de kinesiología y rehabilitación y preside la Regional VI Río Cuarto del Colegio de Kinesiólogos y Fisioterapeutas de Córdoba. Luna repasó su historia y un recorrido que incluye etapas junto a Urú Curé y Estudiantes de Río Cuarto y la participación en dos ediciones del Dakar.
Fotos: Santiago Mellano
Quedarse quieto no parece ser una opción para Marcos Luna. Siempre está haciendo algo, pensando en un proyecto, atendiendo pacientes o imaginando cuál puede ser el próximo paso. Nos recibe en Corpore, el espacio de kinesiología y rehabilitación que integra desde hace 16 años. El lugar está ubicado en el Paseo de la Ribera, donde pasa gran parte de su tiempo entre pacientes y tratamientos y también encuentra espacio para pensar nuevas ideas.
La charla arranca distendida. Miramos el consultorio y bromeamos con que, por suerte, tiene una ventana: entre tantas horas ahí adentro, lo bueno es que ingresa la luz del sol. Luna se ríe y enseguida empieza a hablar de lo que hace, de lo que hizo y, sobre todo, de lo que todavía quiere hacer.
Porque si algo atraviesa su recorrido es justamente eso: el movimiento. Estuvo 25 años ligado al deporte, trabaja en consultorio, viaja a Sampacho los viernes para atender, preside la Regional VI del Colegio Profesional y sigue pensando proyectos.
Ese movimiento constante parece definirlo bastante bien. A sus 51 años sigue corriendo, andando en bicicleta y haciendo actividad física. El fin de semana anterior a la entrevista, cuenta casi al pasar, había corrido 20 kilómetros. Pero cuando se sienta a conversar con Otro Punto, el recorrido va mucho más allá del deporte. El profesional abre las puertas de su consultorio y también las de una historia profesional que comenzó con un esguince de tobillo a los 12 años y que todavía lo encuentra buscando nuevas maneras de hacer, aprender y aportar a la kinesiología.

–¿Cómo surgió en vos estudiar Kinesiología y dedicarte a esta profesión?
–Era muy chico, jugaba al básquet y tuve un esguince de tobillo a los 12 años. Me mandaron a fisioterapia y me encantó. A los 12 años dije yo quiero ser kinesiólogo. Después, a los 18, cuando ya me estaba recibiendo de la secundaria, mi mamá me dijo: “Bueno, te vas a inscribir en Kinesiología”. Y yo, para llevarle la contra, le dije: “No, voy a hacer un test vocacional”.
El test vocacional lo llevó primero por otro camino. Junto a un amigo comenzó otra carrera, aunque la experiencia duró apenas seis meses. No tardó demasiado en darse cuenta de que aquella elección no tenía mucho que ver con él.
“Duramos seis meses. Hasta que un día fui a mi casa y dije: no me gusta. Quiero estudiar Kinesiología. Mi vieja me quería matar y mi viejo me dijo ponéte a laburar hasta que empieces a estudiar. Finalmente empecé Kinesiología y la verdad que me fue muy bien”, cuenta el profesional.
Así fue como ingresó a la Universidad Nacional de Córdoba, donde cursó la carrera y se recibió luego de completar los cinco años previstos. Luna recuerda que estuvo entre los mejores resultados del ingreso y que, una vez que comenzó a estudiar aquello que realmente quería, el recorrido se dio con naturalidad.
“Me acuerdo de que debo haber estado entre los cuatro o cinco primeros en el cursillo. Hice la carrera en los cinco años, como correspondía, y me fue bien”, relata.
La profesión rápidamente se cruzó con otra de sus pasiones: el deporte. Durante 25 años Luna trabajó en ese ámbito y acompañó etapas importantes de Urú Curé y Estudiantes de Río Cuarto. Su recorrido también incluyó la participación como kinesiólogo en dos ediciones del Dakar, una experiencia que lo llevó a trabajar en escenarios muy distintos a los habituales, desde el desierto hasta la cordillera, entre calor, frío y nieve. En ese recorrido, la idea de un kinesiólogo “todo terreno” adquiere un sentido casi literal. El trabajo estuvo marcado por entrenamientos, partidos, viajes y competencias, muchas veces en contextos que exigían adaptarse rápidamente a cada situación.


–¿Cómo fue vivir tantos años el deporte desde adentro?
–Creo que pasé los mejores momentos deportivos de la ciudad con dos clubes como Urú Curé y Estudiantes. Fue fantástico. El kinesiólogo trabaja dentro de la cancha: estás afuera y estás adentro. Sos un espectador de lujo. Tuve la suerte de poder vivirlo y fue espectacular.
Esa posición le permitió conocer una parte del deporte que pocas veces llega a la tribuna: escuchar conversaciones entre jugadores, árbitros y entrenadores, acompañar lesiones desde el momento en que ocurrían y seguir de cerca los procesos de recuperación. Pero también implicaba una rutina exigente. Durante años trabajó de lunes a lunes, entre el consultorio, los entrenamientos, los partidos y los viajes por distintos puntos del país y el exterior.
Con el tiempo decidió cerrar esa etapa para recuperar los fines de semana y compartir más tiempo con su familia.
“Fue muy lindo, pero llegó un momento en que quería disfrutar de mi familia, de las sierras, de cualquier otra cosa. El día que dejé fue porque realmente ya había dado todo”, cuenta.
Lejos de alejarlo de la profesión, cerrar aquella etapa abrió otra. Luna comenzó a preguntarse de qué manera podía aportar a la kinesiología más allá del consultorio. Esa inquietud terminó llevándolo a involucrarse en la actividad institucional y a presentarse para conducir la Regional VI Río Cuarto del Colegio Profesional de Kinesiólogos y Fisioterapeutas de Córdoba.

–¿Cómo surge tu llegada al Colegio Profesional?
–Una cuenta pendiente que tenía era ver cómo podía hacer para ayudar a la kinesiología, tanto de Río Cuarto como de la provincia, para que tuviera más altura. Me presenté como presidente, armé una junta increíble que tengo en la Regional VI de kinesiólogos, salimos elegidos y llevo un año y casi medio de mandato.
Desde la presidencia, Luna busca impulsar cambios en una profesión que, considera, atraviesa una realidad muy distinta a la de hace tres décadas.
–¿Cómo ves hoy la realidad de la kinesiología?
–La realidad es que el sistema de salud está bastante quebrado y viciado. Es algo que tiene que mejorar, pero para mejorar tienen que estar todos los protagonistas realmente de acuerdo para poder hacer este cambio. Cuando hablo de esto hablo de colegios, de profesionales, de clínicas, de mutuales, hablo de todo. Si no hay un sinceramiento importante nunca vamos a poder salir adelante.
Para Luna, asumir una responsabilidad institucional implica mirar más allá de las realidades individuales. “Para estar en un puesto como este hay que pensar en plural, no en singular. Tengo que representar al más chico y al más grande, al que tenga más plata y al que tenga menos plata”, plantea.
Mientras desarrolla esa tarea institucional, continúa atendiendo en Corpore. Allí se dedica principalmente a problemáticas de columna, un área en la que comenzó a profundizar a partir de casos de hernia de disco y tendinopatías que lo llevaron a buscar nuevas herramientas.

–¿En qué te especializaste principalmente?
–Lo que más hago es columna. Una de las inquietudes más grandes que tuve en la kinesiología fue la hernia de disco y las tendinitis. Para mí fueron dos temas que me cambiaron un poco cómo manejarme o en qué especializarme. Con la hernia de disco tuve un paciente que me hizo renegar mucho y dije la tengo que estudiar desde qué es hasta cómo la puedo sacar. Hice especialidades dentro de lo que se puede hacer en traumatología y kinesiología manual.
Ese recorrido lo llevó a incorporar distintas técnicas. Hoy trabaja especialmente con quiropraxia, osteopatía y corrección postural, aunque aclara que no le interesa identificarse con una única disciplina.
“Yo digo que no hay que ser dogmático. Podría decir que soy quiropráctico, osteópata o busquetiano, pero no me identifico con cada una. Me identifico con todas. De esas saqué un tratamiento”, explica.
En su definición, la quiropraxia se concentra principalmente en los ajustes de la columna vertebral, mientras que la osteopatía reúne un abanico más amplio de técnicas manuales. La kinesiología y la fisioterapia incorporan además movimiento, masoterapia, ejercicio y distintos agentes físicos.
En Corpore también trabajan con lesiones deportivas, agudas y crónicas, y cuentan con un espacio orientado a la actividad física y la salud. Luna insiste especialmente en la importancia del trabajo de fuerza como parte de los procesos de recuperación.
“La fuerza es la base de todo. Yo puedo hacer miles de maniobras, puedo estirar la fascia, pero si el paciente después no ajusta con fuerza, por ahí se pierde”, sostiene.
Ese concepto también atraviesa la propuesta del gimnasio que funciona en el espacio, pensado para personas de distintas edades y orientado a la salud más que a entrenamientos de alta intensidad. “Tenemos gente de 20 años y gente de 90. Vienen a hacer actividad física para la salud”, explica.
El profesional reconoce que la quiropraxia todavía genera temor en algunas personas. Para Luna, la clave está en explicar el procedimiento y recurrir a alguien con formación. “Hay que elegir el profesional, uno que esté formado”, remarca.
En Corpore comparte el proyecto con su esposa, María Fernanda Gutiérrez, y con Elina Susana Da Valle. Llevan más de 16 años trabajando juntos y desde hace nueve están instalados en Paseo de la Ribera. Allí abordan lesiones deportivas, agudas, crónicas y de columna, además de propuestas vinculadas a la actividad física y la prevención. Hoy, Marcos Luna reparte su tiempo entre el consultorio, la atención en Sampacho y la presidencia de la Regional VI. Tres espacios distintos desde los que continúa desarrollando la profesión que eligió cuando tenía 12 años.


