Bajo un cielo que parecía venirse abajo, con su gira “No vayas a atender cuando el demonio llama”, Lali Espósito convirtió su show en River en una noche icónica, de memoria pop y resistencia. Durante casi tres horas, el Monumental fue mucho más que un recital: fue una respuesta colectiva, una fiesta popular y una contundente declaración política. Y Otro punto estuvo ahí para contártelo.

El cielo se caía en Buenos Aires. Desde temprano, alrededor del Monumental, los vendedores ambulantes ofrecían pilotines como si se fuera a entrar al apocalipsis. La gente se cubría con bolsas encontradas en la calle, y seguía caminando. Nadie parecía dispuesto a volver. Ni la lluvia, ni el frío, ni el viento torcerían lo que ya estaba escrito: esa noche, Lali iba a brillar en River y, sí, a estadio repleto.

El domingo 7 de junio fue el segundo capítulo de una consagración que ya había empezado el sábado. Dos noches en el Monumental, más de 160 mil personas que “atendieron al demonio” y una artista que, tal como lo prometió, dejó todo arriba del escenario. Lali llegó a River con una gira atravesada por canciones, símbolos, invitados y una historia reciente de intento de desprestigio político que ella decidió no esquivar. Al contrario: la resignificó y dio cátedra de cómo hacerlo. La convirtió en música, en relato, en arte.
La movida solidaria también se hizo presente en el Monumental, ya que en los accesos se podía colaborar con “Ningún pibe con hambre”, una campaña creada por la artista en la que se recolectaron alimentos no perecederos para donar a comedores y merenderos.

El show comenzó puntual a las 21. Al grito de “olé, olé, olé, olé, Lali, Lali”, la cantante subió al escenario y arrancó el concierto con “Lokura”. En ese momento, la euforia y los gritos se escuchaban al unísono. Se podía ver cómo los fans que estaban en campo saltaban y cantaban en masa, desafiando el temporal. Un show en el que tanto la artista como el público pasaron por todas las emociones: llanto, alegría y euforia.
Los invitados también fueron parte de estas noches históricas. Miranda apareció para cantar “Mejor que vos”, Duki se sumó en “Plástico”, Dillom en “33” y Kylie Minogue, figura internacional inesperada y deslumbrante, compartió con Lali versiones de “Can’t Get You Out of My Head” y “Padam Padam”. Kylie dijo unas palabras en español: “estoy muy feliz de estar aquí con Lali”, manifestó la artista y agregó: “i love she” . Con el humor que la caracteriza, la diva pop argentina dijo: “yo le enseñé todo chicos, la cultura nacional”.

Uno de los instantes más celebrados llegó con “Soy”. El tema, que ya es un himno para la comunidad LGBTIQ+, apareció acompañado por una performance de drag queens y la bandera de la comunidad en las pantallas. La puesta complementó el carácter identitario de la canción. En ese momento, el show volvió a decir algo sin necesidad de subrayarlo demasiado: ser quien una es, amar como una ama y mostrarse sin pedir permiso también puede ser una forma de resistencia.
Ya en su primer River, Lali había hecho foco en el Ni Una Menos. En una semana marcada por la violencia machista y por los femicidios de Agostina y Dulce, pidió un minuto de silencio por las víctimas. “Necesito aprovechar que estamos todos escuchándonos, unidos y juntos, en esta semana del Ni Una Menos. Quiero pedir un minuto de silencio por todas las víctimas de la violencia machista que este Gobierno niega, por todas las mujeres asesinadas, por los niños y niñas que se quedaron sin sus padres y por las vidas arrebatadas de adolescentes como Agostina y Dulce”, expresó la cantante.

Casi al final del show, llegó “Fanático”, la canción que Lali creó en respuesta al intento del presidente Javier Milei de desprestigiar su carrera. Todo había comenzado con aquel tuit de Lali después de las PASO de 2023 que decía: “Qué peligroso. Qué triste”. La frase abrió una larga secuencia de ataques contra la artista. Milei la llamó “Ladri Depósito”, instaló la idea de que “vivía del Estado” y alimentó una campaña de desprestigio. Lali, fiel a su estilo, no se quedó callada. Respondió con arte y lanzó “Fanático” con mensajes cargados de ironía. En la puesta escénica del tema se pudo ver a la compositora y sus bailarines y bailarinas sosteniendo diarios ficticios con titulares como “¿Vive del estadio?” y guiños políticos que apuntaban al Gobierno. Entre ellos, una referencia a las “cascadas de Adorni”, Una puesta que no necesitó explicar nada. Porque tal como lo dijo la artista, con su público comparte un código. Lali agradeció a sus fans por su fidelidad, por bancarse las intemperies del tiempo y dijo: “hemos podido con esta tormenta, mírennos acá de pie”. “Yo siento que no tengo que explicarles quién soy, los miro y puedo reconocer a personas que quiero, eso es invaluable y eso es lo que a muchos les molesta, porque eso es la verdad y la verdad se siente, se nota, cuando algo es de plástico se nota”, sostuvo la artista y continuó contundente: “No saben qué satisfacción es ver este River repleto, después de haber pasado un tiempo donde obviamente se me aconsejaba cerrar la boca, no enfrentarme a Milei, al gobierno o a la gente que me agredía. Pero se equivocaron, porque miren: la gente no es boluda, la gente sabe”.
En ese preciso instante el estadio ovacionó a la artista y cantó a viva voz “Fanático”.
La muchachita que llena estadios
El cierre todavía guardaba el momento más explosivo. Sobre el final de “No me importa”, la banda comenzó a tocar los acordes de “Ji Ji Ji”. En el momento, todo River entendió lo que estaba pasando. Un homenaje al Indio Solari, bajo la lluvia, con miles de personas saltando en el pogo más famoso del rock argentino. En las pantallas, se veía la silueta del ícono popular. Lo que empezó como el cierre de una de las canciones más combativas de su repertorio terminó transformándose en un cruce único entre el pop y el ritual ricotero. “Gracias Indio por tanto”, finalizó diciendo Lali y agradeció al público que la acompañó a “atender el demonio”. De esta manera, cerró sus dos River, masivos, homenajeando al artista que alguna vez la definió como “esa muchachita que llena estadios”.

El show duró casi tres horas en el que cantó las canciones de No Vayas a Atender Cuando el Demonio Llama, con temas como “Lokura”, “Fanático”, “No Me Importa”, “Plástico”, “33”, “Sexy”, “Tu Novia II”, “Pendeja”, “Perdedor” y “Mejor Que Vos”. Pero también hubo tiempo para los clásicos que marcaron distintas etapas de su carrera: “Soy”, “Ego”, “Disciplina”, “N5”, “Boomerang”, “Como Tú”, “Motiveishon”, “Diva”, “Baum Baum” y “1Amor”, entre otros. El despliegue fue total: hubo invitados de lujo, cambios de vestuario, pantallas gigantes, coreografías, fuegos artificiales, un equipo técnico y banda eximia (a la que Lali agradeció y presentó en varias oportunidades) y un público que hizo el aguante durante todo el show incluso cuando la lluvia parecía querer apagarlo todo. Pero, al contrario: lo volvió épico. Por eso el domingo no fue el River que se llovió todo. Fue el River donde la lluvia se volvió parte del concierto.
Mariana Espósito, la piba de Parque Patricios que llegó por equivocación a un casting de Cris Morena y quedó seleccionada, terminó escribiendo una de las páginas más importantes de la historia reciente del pop argentino. Dicen que después de la tormenta sale el sol y Lali es la prueba viviente de eso, porque hoy brilla más que nunca, porque hoy la ilumina un público masivo que la acompaña. Tal como lo dijo cuando ganó recientemente el Gardel en la categoría Mejor Álbum Artista Pop: “A veces nos hacen creer que decir lo que pensamos o hacer lo que sentimos puede alejarnos del público o puede costarnos caro. Este álbum me demostró todo lo contrario”. Y estos dos River también lo dejan en claro.
La que decían que vivía del Estado llenó dos River.
La que querían callada hizo cantar a todo el Monumental.
Lali, la que vive del estadio.

