La salud mental en el centro de la conversación

Hablar de lo que duele

Estudiantes de cuarto, quinto y sexto año participaron de las primeras Jornadas de Salud Mental del Parlamento Estudiantil, una iniciativa elegida por los propios adolescentes para generar espacios de escucha, diálogo y reflexión.

Aunque el sol de septiembre ya se hace sentir, hay momentos en los que no hay astro que alcance para iluminar la vida. Son instantes en los que todo se ve oscuro, vacío. Cuando caminás por la plaza llena de flores y verdes, pero no sos capaz de apreciar nada. A veces la tristeza, alguna situación familiar dolorosa, un problema laboral, te hunde. Mil causas son válidas. Quizás por eso se elige el mes de la primavera para concientizar sobre la salud mental en Argentina. Quizás porque hay momentos en la vida donde se necesita resurgir, florecer.

El primer día de este mes, en el Concejo Deliberante se dio inicio a las Primeras Jornadas de Salud Mental del Parlamento Estudiantil. Lo curioso de esta propuesta es que fueron los y las estudiantes los que eligieron hablar de eso, de lo que duele.

En las escuelas, en los consejos estudiantiles, en las charlas entre amigos, cada día la juventud se ve interesada y comprometida con el cuidado de la salud mental. El objetivo es generar espacios de escucha, participación y diálogo entre los jóvenes. Participaron adolescentes de 9 colegios secundarios, de 4to, 5to y 6to año.

Compartir vivencias, experiencias e inquietudes vinculadas al bienestar es la premisa de este proyecto. “Es un acto de amor escuchar a alguien, es un acto de valentía”, dice Paz, una trabajadora social a los alumnos que están escuchando su taller. En esa frase logra transmitir lo mismo que su nombre. Los chicos, tímidos, asienten.

Cuatro mesas de debate están dispuestas en el centro de la ciudad.  En la Biblioteca Popular Mariano Moreno y en el Viejo Mercado se llevan a cabo: “Adolescencias y juventudes que se la juegan, ni puestas ni sacadas. Encuentro participativo sobre consumos”, por el equipo de SEDRONAR y CEDIS Río Cuarto, y “Sin filtro: cómo nos afecta el mundo digital”, de la subsecretaria de Género, Niñez, Adolescencia y Familia. Los alumnos pueden elegir a cual ir, según sus necesidades y preferencias. 

En el edificio del Concejo, la mesa más concurida se presenta con un cartel blanco y letras rojas: “Entre el match, el amor y las red flags”. Sentados todos juntos, los jóvenes escuchan con atención y asienten frente una abogada, una psicóloga y una trabajadora social; quienes dan un taller sobre vínculos y relaciones; de acciones, actitudes sanas y peligrosas. De aquellas a las que debemos estar alerta.

Llegada la media mañana, entre mates y conversaciones en los pasillos del Concejo, se propone un último pequeño taller. Se reparte una hoja a cada uno, se propone escribir experiencias respecto a las formas de transitar los vínculos en la adolescencia. Resulta curioso, que sean pocos los jóvenes que se animan a devolver el papelito con una respuesta.  Cuando comienzan a leerlos, con vergüenza solo algunos responden a las preguntas que se les hace. Una es la que más resuena: ¿Los celos son una demostración de amor?

En AGEC (Asociación Gremial de Empleados de Comercio), al mismo tiempo el Equipo de Salud Mental Infanto-Juvenil del Nuevo Hospital, propone una charla llamada “Salud mental y adolescencia: cómo construir bienestar en nuestra ciudad”. Sentados en ronda, le asignan  a cada grupo de estudiantes un color distinto con diferentes preguntas para reflexionar y compartir. A diferencia de la mesa anterior, en esta logran abrirse más, socializar sus respuestas e ideas. Los jóvenes creen que en la ciudad es necesario una escucha activa, unión, respeto, diversidad e inclusión. Dicen que eso ayudaría a que se sientan mejor, que se reduzca la taza de suicidio, que la depresión ya no sea una enfermedad que arrase con la vida de muchas personas.

El equipo del hospital expresa su emoción ante la idea de que esta propuesta surja por parte de los jóvenes, que las conversaciones que ocuparon cada pasillo del Concejo Deliberante durante la mañana sea gracias a ellos. De pie entre aplausos y sonrisas, se da por finalizada la jornada.

Cuando los aplausos se apagaron y los estudiantes comenzaron a retirarse, quedaron sobre las mesas algunas hojas de colores, mates y preguntas todavía sin respuesta. Afuera, el sol de septiembre iluminaba las calles del centro. Adentro, durante unas horas, algo también había cambiado: muchas voces habían encontrado un lugar para ser escuchadas. Quizás no se trataba de salir de ahí con todas las respuestas, sino de saber que, cuando llegue la oscuridad, siempre puede haber alguien dispuesto a sentarse al lado y escuchar.

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