No se apaga, ¡se defiende!

En el cierre de la jornada “La universidad no se apaga”, intervenciones artísticas atravesaron la Plaza de la Juventud como forma de protesta y encuentro. Bailes, cantos y coros se sumaron al reclamo en defensa de la educación pública, para visibilizar una crisis que persiste.

Fotos Santiago Mellano

La tarde cae rápido sobre la Plaza de la Juventud. Se van acomodando sobre las escaleras de la Municipalidad de Río Cuarto parlantes y micrófonos. La música siempre llega al alma cuando las palabras no alcanzan. Hay algo en su lenguaje que no necesita permiso, simplemente queda. El miércoles, en el cierre de la jornada “La universidad no se apaga”, bailes, cantos y coros se unieron a la lucha.

Con el objetivo de exigir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y en defensa de la educación y la ciencia, las universidades públicas de todo el país llevaron a cabo una jornada de 24 horas de actividades académicas, culturales, científicas y de extensión. Comenzaron desde primera hora por la mañana y concluyeron ya de noche. Participaron estudiantes, docentes, no docentes y graduados. Durante toda la jornada, la Universidad Nacional de Río Cuarto se abrió y se mostró. Hubo clases teóricas, diálogos entre estudiantes, encuentros con la comunidad, recorridos por espacios que muchas veces permanecen invisibles para quienes no los habitan a diario. El arte también dijo presente: cerámica, teatro, circo. Los deportes, los talleres, las prácticas cotidianas. Todo eso que sucede en la universidad a diario, estuvo a la vista de todos.

Bailes, cantos y el coro de la Universidad Nacional de Río Cuarto se unieron al reclamo en defensa de la educación pública. Como forma de expresar, de defender. Cada paso sobre el suelo, cada aplauso sostenido, cada nota que se elevaba era también una manera de hacer visible la crisis que nos atraviesa. “Sin financiamiento y sin salarios dignos, lo que produce, genera y crea la universidad pública se va apagando. No lo permitamos. Cuidemos lo que nos hace bien”, proponía una placa difundida por la universidad. Ese fue el lema que movió cada signo, que impulsó las palabras de todos, que llamó a cada persona que se acercaba a ver lo que ocurría en el centro y en la universidad.

Entrando la noche, la jornada “La universidad no se apaga” iba llegando a su fin en la explanada de la municipalidad. Algunas canciones folclóricas llegaban a oídos del público, Walter y Nahuel Cisneros estaban cantando aquella música que representa a nuestro país. El folclore tiene esa capacidad de volver sobre lo propio. De hacerlo presente. Como si entre guitarras y voces se dijera que hay cosas que no deberían perderse, que no deberían apagarse. Acompañaban el momento muestras de estudiantes, stands que promocionaban distintas carreras. También centros estudiantiles de la universidad, y autoridades como la rectora, la vice rectora y decanos de las facultades. Estudiantes de la carrera de Educación Especial tenían su puesto en la Municipalidad y comentaban que en horas anteriores la concurrencia había sido bastante grande, pero con el correr del tiempo se fue dispersando la gente. Alrededor de las 8.30, quedaban unas cincuenta personas disfrutando de la jornada. Desde un taller perteneciente al Departamento de Arte y Cultura, la escena tomó una forma distinta. Un grupo comenzó a moverse con hilos entre las manos, extendiéndolos con cuidado, y uniéndolos entre los participantes y espectadores.

También estuvo presente el Coro de la UNRC, dirigido por Cinthia Granado. Varias canciones resonaron, pero “Hey Jude” fue la más aplaudida. Hey Jude habla de atravesar el dolor sin quedarse detenido en él. La letra no niega la tristeza, pero propone otra cosa. Tomar lo que duele y transformarlo. La bandera Argentina flameaba en lo alto de la Municipalidad, la jornada iba llegando a su fin mientras se entonaba el himno. La universidad, entonces, dejó de ser solo un espacio físico o una institución para volverse experiencia compartida. Una trama viva, hecha de saberes, de encuentros, de vínculos. Y que, incluso en medio de la incertidumbre, encuentran la manera de hacerse escuchar. Porque si algo quedó claro al caer la noche es que no se trató solo de una jornada. Fue una forma de decir. De mostrar. De defender. Una manera de encender, entre muchos, eso que algunos insisten en apagar.

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