Entrevista a Chu Rodríguez
La mujer que no acepta migajas
La autora y creadora de contenido Chu Rodríguez llega este sábado 12 de septiembre al Teatro Municipal de Río Cuarto con “Nunca Más Migajas”, un encuentro en vivo que habla sobre vínculos, amor propio y límites. Antes de su llegada, conversó con Otro Punto sobre el espectáculo, las relaciones actuales y la importancia de reconocer los propios “no negociables”.

“No tienen que esperar a estar completamente destruidas para darse permiso de irse”, sostiene la autora y creadora de contenido Chu Rodríguez. Una madre con depresión, una soltería que durante mucho tiempo le resultó incómoda y sus propias experiencias, forman parte de su historia personal. Desde esa mirada, Chu empezó a poner en palabras muchas de las preguntas que hoy atraviesan su contenido. Actualmente tiene una comunidad que supera el millón 400 mil seguidores en Instagram y los 500 mil en TikTok.
Ese universo que nació frente a una cámara también llega a los escenarios: este sábado 12 de septiembre se presentará en Río Cuarto con “Nunca Más Migajas”, desde las 21 en el Teatro Municipal. “No es una charla. No es terapia. No es una obra. Es una sacudida emocional en vivo”, explica.
El encuentro habla sobre los vínculos, el amor propio, los límites y esas veces en las que se termina aceptando menos por miedo a quedarse solo. Chu lo plantea como una experiencia para reírse, emocionarse y mirarse con honestidad. “La propuesta no busca señalar culpables, sino generar preguntas sobre las propias elecciones”, dice Chu y agrega: “La gente se va súper movilizada, pero también fortalecida y acompañada”.
Hay algo que Chu deja en claro cada vez que habla de estos temas: no es psicóloga y su propuesta no reemplaza una terapia. Su recorrido profesional, sin embargo, es amplio: es licenciada en Administración de Empresas, se formó en coaching, trabajó durante más de 15 años en empresas multinacionales, fundó su escuela online “Redescubrí Tu Valor” y participó del Congreso Mundial de Líderes realizado en Harvard.
–Decís que lo que hacés no es terapia y aclarás que no sos psicóloga ¿Por qué te parece importante explicar esto?
–Porque me parece muy importante ser responsable con el lugar que ocupo. Yo puedo comunicar, puedo compartir herramientas, puedo abrir preguntas, puedo acompañar procesos, pero obviamente no diagnostico ni reemplazo el trabajo de un profesional de la salud mental. Hoy hay muchos influencers hablando de distintos temas. En mi caso, me formé, me sigo formando y siempre aclaro desde qué lugar hablo: no soy psicóloga ni pretendo ocupar ese rol.
Chu tampoco presenta el encuentro como un espacio para “sanar”, sino como una posibilidad de poner delante aquello que ocurre y generar un click. Después, cada persona elige qué herramienta necesita. “El show puede ser un despertar, un primer movimiento o el empujón para pedir ayuda, pero no es terapia”, remarca.
Entre las historias que más se repiten entre quienes la siguen aparecen el miedo a la soledad, la dificultad para poner límites y la confusión que generan los vínculos intermitentes. Y hay una pregunta que escucha especialmente: “¿Estoy pidiendo demasiado o me están dando demasiado poco?”.

–Ya sabemos que no diagnosticás pero en base a tu experiencia, ¿qué les dirías a las mujeres que saben que un vínculo les hace mal pero no pueden salir?
–Lo primero que les diría es que no se juzguen. Salir de un vínculo no siempre depende solamente de saber qué nos hace mal. También hay miedo, hay dependencia económica o emocional. Está tu historia personal, está la esperanza de que el otro cambie.
La autora insiste en que esos procesos no deberían atravesarse en soledad y recomienda hablar con alguien de confianza o buscar ayuda profesional. “No tienen que esperar a estar completamente destruidas para darse permiso de irse”, afirma.
–¿Qué pensás de esa famosa de frase de quien dice “sigo porque va a cambiar”?
–Esa es la mentira más grande. Estar con alguien implica aceptar a la persona que está enfrente y no construir el vínculo esperando aquello que algún día podría llegar a ser. Si cambia, sostiene, será por sí misma, cuando quiera y como quiera.
Por eso habla de tener claros los “no negociables”. Cada uno, explica, debe reconocer aquello que no está dispuesto a aceptar en una relación. También cree que hace falta algo más simple, aunque no siempre sencillo: ser honestos con lo que queremos. En tiempos de vínculos que muchas veces permanecen indefinidos, Chu habla de encontrar “el punto medio entre fluir y que no te mientan”.
–Está de moda hablar de los “princesos”, esos hombres que no toman iniciativa ni hacen demasiado por conquistar. ¿Existen o, en realidad, cuando alguien quiere se nota y lo demás es falta de interés?
–Jaja y la realidad es que el interés se nota. El que quiere puede, se acomoda, saca tiempo de algún lado. Eso es real.
–¿Alcanza solamente con el amor?
–No. El amor es negociación constante y elegirse todos los días. Querer a alguien no alcanza por sí solo para que una relación funcione. También hacen falta acuerdos, construcción y una elección cotidiana.
–¿Cómo se aplica el amor propio estando en pareja?
–Justamente ahí es donde más se pone a prueba todo. El amor propio en pareja no significa irte, huir frente al primer conflicto, ni creer que nunca vas a ceder.
Chu entiende que una relación sana tampoco es aquella donde nunca existen discusiones. “Es una relación en la que incluso los conflictos se sienten en un lugar seguro, donde se pueden hablar las cosas, se puede pedir perdón, se puede reparar y se cuida del otro”.
Y resume su manera de entender el amor propio en una frase: “Te puedo querer muchísimo, pero no al precio de dejar de quererme a mí”.
Su propia soltería también formó parte de ese aprendizaje. Chu cuenta que le llevó mucho tiempo sentirse cómoda estando sola y reconoce la incomodidad que ese proceso le generó. Sin embargo, considera que atravesarlo resulta totalmente necesario. Hoy dice que está en pareja pero como siempre explica, no es nada sencillo.
Aunque también la siguen hombres, Chu estima que cerca del 80 por ciento de su público es femenino. Dice que una de las cosas que más le interesa de este camino es poder ayudar, especialmente a otras mujeres. “No considero que esto sea un comercio. No soy millonaria ni pretendo serlo, ni ahí”, señala. Si bien cuenta con su escuela online “Redescubrí Tu Valor”, donde brinda clases, explica que busca mantener propuestas accesibles para que más personas puedan acercarse a esas herramientas. Para ella, el objetivo sigue estando en acompañar y ayudar.

De las empresas a los escenarios
Antes de vivir de sus contenidos, Rodríguez construye una carrera muy distinta. Es licenciada en Gerencia y Administración y cuenta con un MBA (maestría en Administración de Empresas), además de haber trabajado durante más de 15 años en distintas multinacionales. Esa estabilidad convive durante mucho tiempo con un proyecto que empieza casi sin saber hasta dónde puede llegar.
Su recorrido comienza en TikTok, en plena pandemia. En junio de 2020, una amiga del trabajo le recomienda descargar la aplicación y Chu publica un video contando lo difícil que le resulta estar soltera a los 30. El contenido se viralizó y en pocas semanas su cuenta creció enormemente en seguidores.
–¿Cómo llegás a hacer videos en las redes?
–Empecé porque tenía muchas cosas que necesitaba poner en palabras, reflexiones que habían nacido de mi propia historia, de mis vínculos, de mis pérdidas y también de todo lo que fui aprendiendo. Durante todo ese período de soltería me sentía muy sola y esta comunidad también terminó acompañándome a mí. Al principio hablaba frente a una cámara sin tener mucha noción ni imaginar hasta dónde podía llegar el mensaje. Después entendí que del otro lado había muchísimas personas sintiendo lo mismo, pero sin saber cómo nombrarlo.
“Creo que esa fue la verdadera conexión. Ponerle palabras a cosas que muchos vivíamos en silencio”, sostiene.

–¿Cómo fue salir del mundo corporativo?
–Fue un proceso de muchísimo miedo. Yo venía de una carrera corporativa de más de 15 años, en distintas multinacionales, con estabilidad, con una estructura, con un sueldo fijo y una identidad profesional súper construida. Entonces, irme implicó dejar algo conocido para apostar a un proyecto propio que, en el momento que lo hice, no tenía todas las garantías; de hecho, no tiene todas las garantías al día de hoy. No fue una decisión para nada impulsiva ni romántica, fue una planificación muy, muy detallada. Me costó muchísimo trabajo tomar la decisión, pero siempre digo que tenía un paracaídas, que no di el salto al vacío sin nada.
“Este salto llegó en un momento en el que quedarme por seguridad en la empresa me daba más miedo que irme por convicción”, resume.
Ese recorrido la llevó al Congreso Mundial de Líderes realizado en Harvard, donde abre un encuentro con más de 50 speakers.
–¿Cómo fue esa experiencia de estar en un congreso en Harvard?
–Fue súper movilizante y una confirmación de que el liderazgo no solo tiene que ver con dirigir empresas o equipos, también lideramos cuando tomamos responsabilidad sobre nuestra propia vida y generamos un impacto positivo en otros. Para mí fue un enorme privilegio poder llevar mi mensaje a ese espacio y comprobar que todo lo que aprendí y toda mi experiencia corporativa también ayuda a ser mejores líderes y mejores personas. Me encantó abrir ese congreso. Estaba muerta de miedo: era la primera vez que iba a Harvard y además tenía que abrir un congreso con más de 50 speakers. Pero me pareció espectacular.
La experiencia le permitió encontrar también un puente entre su pasado corporativo y lo que hace actualmente.
–¿Aprendiste y seguís aprendiendo en todo este proceso?
– Un montón, Aprendí que una puede transformar sus heridas en un puente para llegar a otras personas sin romantizar lo que dolió. Charlar con Chu es encontrarse con alguien totalmente real, es tal cual se muestra en redes: sin filtros, amable, auténtica y muy empática. Habla de frente, sin rodeos, reconoce sus contradicciones y mantiene en la conversación esa misma naturalidad que muestra en cámara. En la charla ella misma sostiene que “las máscaras se caen”. En su caso, no parece haber ninguna.


