Marina Ojeda: “A Milei le repreguntaría un montón de cosas”

A 15 años de su llegada a Canal 13 Río Cuarto, la periodista y licenciada en Ciencias Políticas, Marina Ojeda nos cuenta su historia. Repasa para Otro Punto sus inicios en el canal, su vínculo con la televisión y la educación pública. Además reflexiona sobre el oficio, la credibilidad de los medios y los nuevos hábitos de consumo.

Foto Javier Raiden

De chica se encerraba en el baño de su casa, se paraba frente al espejo y leía en voz alta las instrucciones de los envases de shampoo, acondicionadores o remedios. Repetía palabras, practicaba la dicción y buscaba perfeccionar la lectura en voz alta. “Ese recuerdo lo desbloqueé hace poco”, dice. Esos parecen ser los inicios de Marina Ojeda, la periodista y Licenciada en Ciencias Políticas que hace 15 años trabaja en Canal 13 Río Cuarto. Es la conductora y cara visible de los programas más vistos del canal: Telediario Federal y Telediario edición mediodía.

Llega puntual, impecable con una cartera donde nunca falta un cuaderno y una lapicera. “Nunca me puede faltar algo para anotar, soy muy del papel”, dice la periodista apenas comienza la charla. Agradece la nota para Otro Punto, pide un café en jarrito y se acomoda entre risas, todavía un poco nerviosa por ocupar el lugar de entrevistada. “Es raro estar de este lado, porque siempre estoy del otro lado entrevistando”, reconoce.

Habla rápido, enlaza ideas constantemente y vuelve una y otra vez sobre conceptos como responsabilidad, compromiso, comunidad y libertad.

Hace 15 años entró a trabajar en Canal 13, un lugar que hoy define directamente como parte de su famili. Pero antes de llegar a la televisión hubo dudas, búsquedas y una sensación de incertidumbre frente al futuro. Venía de estudiar Ciencias Políticas y, cuando estaba terminando la carrera, empezó a sentir que el camino académico y la investigación no la entusiasmaban. Ella quería otra cosa: salir a la calle, tener contacto con la gente, trabajar con la coyuntura y sentir que lo que hacía podía tener un impacto concreto en la comunidad. “Había tocado fondo en esa incertidumbre de lo que quería hacer”, cuenta Marina.

-¿Por qué querías trabajar en un medio?

– Cuando estaba terminando la carrera de Ciencias Políticas, me di cuenta que teníamos como posibilidad segura trabajar en investigación, en desarrollos teóricos. Y había algo a mí de la academia que no me entusiasmaba. Yo quería salir a la calle, quería tener un ida y vuelta con la sociedad y en ese momento no era la administración pública. Entonces me pareció que quería intentar en los medios para tener la posibilidad de procesar un montón de información y ofrecer un servicio a la comunidad. Cuando lo tuve claro, agarré una hoja de Word, escribí una carta y se la envié a quien hoy es mi jefe. La firmé diciendo que firmaba con una sonrisa y con la expectativa de que algún día la lean. A los dos días me llamó mi jefe y me dijo que no tenía nada concreto para ofrecerme, pero que quería conocerme. En esa carta yo le contaba mis inquietudes y mi deseo, le hablé desde la sinceridad total. Ese mail podía perderse en la nebulosa, pero él lo leyó, le interesó, me llamó, y así empezó un vínculo que ya tiene 15 años.

Foto Javier Raiden

Comenzaste trabajando en la web, producción, ¿cómo se dio esto de estar delante de cámara?

Empecé escribiendo para la web, en la parte política, cuando cada área tenía alguien especializado. Después ese esquema se fue desdibujando y ahí comenzó mi recorrido en producción, donde estuve muchos años. La producción me gusta mucho, pero es muy exigente. Estar frente a cámara me permitió hacer algo que me apasiona: las entrevistas en profundidad. Me gusta trabajar la información, procesarla y darla a conocer. Para eso hay una preproducción importante: investigar, sistematizar, ser rigurosa, tener las ideas claras y después encontrar la manera de comunicarlo en el tiempo y la forma que te piden.

Marina dice que jamás la inhibió la cámara. En su casa era natural la exposición al público ya que su papá era cantante y su mamá actriz. De igual manera, desde el inicio, la periodista tuvo en claro la responsabilidad que implica comunicar frente a miles de personas.

Para ella entrevistar no es solamente preguntar. Implica estudiar, investigar, sistematizar, ordenar ideas y entender profundamente cada tema. Dice que necesita llegar con un bagaje sólido para sentirse segura frente a un entrevistado. Y por eso no desconecta nunca del todo.

“Me apasiona sentarme frente a alguien que toma decisiones y tratar de sacarle todo lo que puedo”, explica.

Sus mañanas empiezan temprano y funcionan a una velocidad constante. Habla de los noticieros como espacios “muy orgánicos”, donde todo cambia minuto a minuto y la información se actualiza permanentemente. El contacto con control, producción y los compañeros es continuo. Cuando termina un noticiero ya empieza la preparación del siguiente.

A veces, incluso, le genera desconfianza tener unos minutos libres. “Cuando me sobra tiempo pienso: algo estoy haciendo mal, algo me olvidé”, dice entre risas.

En marzo de este año fue por el canal a Estados Unidos a cubrir la toma de crédito de la provincia, para la construcción de la circunvalación. “Visitamos organismos internacionales. Entrevisté al gobernador y a los tres intendentes del Gran Río Cuarto. También tuve la posibilidad de entrevistar a dos asesores de la Casa Blanca y, aunque no querían grabar, cené con ellos y pude charlar”, explica.

Además, en 2023, fue acreditada en los tres debates presidenciales de Argentina.

-Has tenido la posibilidad de hacer miles de entrevistas, ¿Alguna que recuerdes o te haya gustado más hacer?

Sí muchas. Me gusta mucho entrevistar a políticos. Tuve la suerte de entrevistar a un montón de diputados, senadores, de políticos de primera línea. De presidentes nunca pero sí candidatos a presidente. Lo que más disfruto son las entrevistas en profundidad, esos mano a mano con gente que toma decisiones o que tiene una responsabilidad pública. Eso me apasiona. Mi sueño sería entrevistar alguna vez a algún presidente.

– ¿Lo entrevistarías a Milei?

– Sí claro. Le preguntaría de todo. Trataría de preguntar y repreguntar un montón de cosas.

Hablando de entrevistas, Marina recuerda un episodio que la atravesó mucho: un fuerte cruce al aire con el senador nacional Francisco Paoltroni, durante una entrevista vinculada al financiamiento universitario. Marina reconoce que perdió el temple y levantó la voz. “No me gustó cómo se lo dije”, admite. Pero también asegura que sostiene completamente el fondo de lo que planteó.

La discusión giraba alrededor del cumplimiento de una ley votada por el Congreso. Y para ella había algo intolerable en que un legislador relativizara el cumplimiento de normas que él mismo debía defender. “Yo soy más pasional”, dice. Y reconoce que admira profundamente a periodistas que logran sostener la firmeza desde la calma.

El recorte de esa nota se subió a redes, donde terminó recibiendo más apoyo que críticas, aunque igual sostiene que quedó incómoda con su propia reacción.

Su vínculo con la universidad pública atraviesa gran parte de su identidad. Hizo toda su formación en instituciones públicas: primaria, secundaria y universidad. Estudió en la Universidad Nacional de Río Cuarto y habla de la educación pública casi desde un lugar emocional. “La educación pública me dio un proyecto de vida”, asegura.

Por eso cada vez que hay movilizaciones o discusiones alrededor del financiamiento universitario siente la necesidad de involucrarse. Dice que no es una defensa abstracta ni ideológica: es una experiencia propia. Cuenta que es muy defensora de lo público tanto que cuando era chica sus hermanas iban al colegio privado y ella quiso ir al público. Si bien estudió Ciencias Políticas, las capacitaciones siguientes las hizo vinculadas a la comunicación y al periodismo.

Actualmente, en otra faceta, Marina se está por recibir de Diseñadora de Espacios en la Escuela Superior de Bellas Artes Libero Pierini. “En las tardes estoy tratando de hacer actividades más creativas. Me complementa, me enriquece mucho, me desarrolla otra mitad”, dice.

Foto Javier Raiden

En la charla aparece también el tema de las redes sociales y los nuevos hábitos de consumo. Marina entiende que la televisión ya no ocupa el mismo lugar de antes y que hoy todo circula de otra manera. Pero aun así sigue creyendo profundamente en el valor de la palabra y de la información trabajada con rigurosidad.

-¿Qué opinión tenés respecto a los nuevos hábitos de consumo de medios?

– Sin dudas han cambiado los hábitos de consumo. Nosotros tenemos un público como más “envejecido” porque nos miran personas mayores que todavía tienen el hábito. La gente más joven ya prácticamente no tienen esa costumbre de ver televisión. Las familias también cambiaron, cambió el ritmo de vida. Hace 20 años atrás en todas las casas, se frenaba a almorzar y se miraba algún noticiero. Ahora todo el mundo está apurado, hay poco tiempo. Se informan por el celular y cada vez son más atractivas las plataformas. Eso también genera esa “ansiedad” social. Un video de un minuto ya no lo quiere ver nadie. Me genera preocupación que la información pase así tan rápido.

-Se acerca el día del periodista, ¿qué es el periodismo para vos?

– Para mí el periodismo es, primero, un estilo de vida. Es un compromiso con la coyuntura, con la realidad y con la comunidad. Hay una máxima que dice que la libertad se ejerce con responsabilidad, y yo creo que el periodismo es una responsabilidad que se ejerce con libertad, sí o sí.

Pero esa libertad, aclara, nunca está garantizada completamente. Trabajar en un medio implica convivir con líneas editoriales. La lucha cotidiana, para ella, está en cómo cada periodista ocupa su propio espacio. “Es hacerlo honradamente y honestamente”, resume.

Marina reconoce que hoy existe un fuerte desgaste en la credibilidad de los medios, cree que muchas veces el debate se fue hacia extremos.

“No somos dueños de la verdad, pero tampoco es cierto que todos los periodistas sean corruptos o mercenarios”, sostiene.

Para ella hubo un momento importante cuando comenzaron las discusiones alrededor de la ley de medios y se empezó a cuestionar el rol periodístico. Cree que ese debate tenía cosas necesarias, pero que después el péndulo se fue demasiado hacia el otro lado. “Ojalá recuperemos algo de equilibrio”, reflexiona.

Hacia el final de la nota, la periodista habla de los reconocimientos que recibió durante estos años. Fue delegada sindical dentro del canal y obtuvo distinciones como el premio Nicolás Florio y como mujer destacada. Le emociona especialmente que esos lugares se los den sus colegas y personas del ámbito de la comunicación, justamente porque ella no viene del periodismo tradicional. “Es como que se convalida mi recorrido”, explica.

Foto Javier Raiden

A pesar de su exposición pública, asegura que casi no la reconocen en la calle y que eso también tiene que ver con su personalidad. Dice que nunca buscó ocupar el centro absoluto de la escena. Prefiere acompañar.

“A mí me gusta ser Centinela. Me gusta complementar”, cuenta.

Y quizás ahí aparece una de las claves más interesantes de su perfil: la mezcla entre firmeza y bajo perfil. Entre intensidad y reserva.

Cuando piensa en el futuro imagina algo distinto a la dinámica frenética del noticiero diario. Sueña con hacer entrevistas en profundidad. Mano a mano. Tal vez una vez por semana. Una mesa redonda, conversaciones largas y tiempo para escuchar. “Lo haría toda mi vida”, dice.

Porque en definitiva, desde aquella chica que practicaba leyendo envases frente al espejo hasta la periodista que hoy conduce noticieros y entrevista dirigentes políticos, hay algo que nunca cambió demasiado: la necesidad de comunicar y conectar con los otros. Siempre con una agenda cerca. Siempre con algo para anotar.

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