Sesenta y tres años han pasado desde que el gobierno de Estados Unidos formalizó el cerco económico más prolongado y severo de la historia moderna contra una nación. Lo que Washington insiste en llamar “embargo” es, en su ejecución y alcance extraterritorial, un bloqueo integral que busca asfixiar la soberanía de Cuba mediante el hambre y la desesperación. Hoy, en pleno 2026, esta política no es solo un vestigio de la Guerra Fría; es un mecanismo de guerra económica activa que ha recrudecido a niveles sin precedentes. Y, lamentablemente, desde el año 2025 también con el aval de la República Argentina por primera vez en su historia. Indigno.